El autismo considerado como un desorden o trastorno del desarrollo producto de múltiples causas aun no definidas ni valoradas específicamente, es descrito en el DSM IV de manera categorial, ya que no hay la certeza en pensar que todos los sujetos que padezcan el mismo trastorno sean completamente iguales y así mismo no incluye todas las situaciones que pueden ser objeto de tratamiento o investigación.
Los criterios diagnósticos se basan en las características propias del desarrollo y la influencia que estas tienen en el comportamiento de los sujetos. La alteración cualitativa de la interacción social, la comunicación, el uso de patrones de comportamiento estereotipado o repetitivo de manera recurrente y los manierismos que combinados o asociados a otros síntomas son los que brindan un espectro total para dar “respuesta” a un fenómeno que aún no posee una explicación satisfactoria.
Resulta desafiante mirar el autismo desde el marco de referencia psicosocial que propone Enrique Pichón Rivière especialmente desde su concepto de vínculo como principal punto de partida, así como el aporte que hacen otros autores sobre la importancia de la unión entre comunicación y comportamiento en donde los problemas de comunicación son entendidos como
la primera discapacidad de los individuos con autismo, y otros problemas de conducta pasan a ser síntomas secundarios .1
Hacer una lectura del mundo autista con su rasgo más notable como lo es la interacción social limitada o casi nula, suponiendo por lo tanto toda imposibilidad de una trama vincular que permita ubicar esos otros semejantes, rivales, modelos u objetos de amor; así como lo simbólico que engloba toda una realidad externa, donde habita su historia, el lenguaje y las normas por las cuales trata de ser regulada la más mínima expresión de cada sujeto, es lo que convoca a este intento de acercamiento que puede reunir algunos equívocos, pero también otras perspectivas que se distancian de lo categorial del DSM IV y que dan cuenta de cómo la incapacidad para utilizar la palabra, el discurso, la comunicación de manera efectiva puede provocar conductas desafiantes y dicha conducta relacionarse con propósitos como: llamar la atención, evitar una actividad o persona, procurarse un objeto o bien recibir retroalimentación sensorial, es decir como la incomunicación es el problema principal del sujeto autista que desde s u mundo y a través de otros síntomas reclama en medio de su mutismo ser oído.
A partir de esto podemos entrever una constante que da cuenta de la existencia de un vínculo desde el no-vínculo si hablamos del lugar que ocupa un sujeto gracias al lenguaje en el mundo de lo simbólico, ya que ante la presunción de ausencia del discurso toda respuesta está del lado de la probabilidad.
Inicialmente es importante hacer referencia a lo planteado sobre el autismo por algunos especialistas a través de la historia: “Leo Kanner, psiquiatra, lo diagnostica por primera vez en 1943, posteriormente en 1944 lo hace el pediatra austriaco Hans Asperger.
Kanner, inicialmente, asignó el término de autismo a los niños que eran socialmente introvertidos y tenían dificultades para aprender a hablar, pero que poseían un coeficiente intelectual que excluía un diagnóstico de retraso mental, como génesis de dicha perturbación, Kanner daba indicios de que un elemento clave podía radicar en los genes.
Por su parte Asperger, aplicó el término a niños con problemas de integración social, que desarrollaban obsesiones extrañas y que a la vez hablaban sin dificultad y parecían bastante inteligentes. Éste mismo pediatra observó que dicha perturbación se transmitía de manera asombrosa a los miembros de una misma familia, pasando a veces directamente de padres a hijos. En aquella época tanto las teorías de Asperger como las de Kanner fueron olvidadas y silenciadas por las teorías de Freud. Los niños no nacían autistas, insistían los expertos, sino que se volvían así porque sus progenitores, especialmente sus madres, eran frías y poco cariñosas con ellos”.
Afirmar que la génesis del autismo se funda en el vínculo con los padres y la significación que el niño tiene para estos puede ser sustentada en las teorías planteadas desde el psicoanálisis
“la escuela psicoanalítica se inclina a considerar el autismo como un producto de una defectuosa comunicación y falta de entendimiento entre los adultos y el bebé en sus primeros momentos de vida...”2 dicha comunicación defectuosa a la que hace relación la escuela psicoanalítica se sustenta en las relaciones objetales, así como en el sujeto producto del lenguaje, la teoría vincular y la postura teórica de P. Rivière
Hoy en día no resulta fácil teorizar sobre una forma de patología mental ya que para algunos estudiosos es mas bien un desorden del desarrollo de las funciones del cerebro, pero llamado de una forma u otra, sigue siendo causa de discusión su génesis, así como lo que encierra su situación en particular que lo ha convertido en el gran enigma del grupo en el que ha sido inscrito, “la psicosis”.
Como lo enuncia Orlievsky de un modo u otro, sea la etiología de origen genético, orgánico o emocional, el diagnóstico se hace con base a manifestaciones de la conducta o ausencia o uso particular del lenguaje, además del aislamiento social, que dan la impresión de estar frente a un sujeto con una particular estructuración psíquica.
La pregunta ahora es ¿existe una posibilidad de vínculo en el autista, con su mundo interno y externo así como con los objetos que lo habitan?
Un caso como referencia...
“Tommy es un niño con ojos de ensueño que vive con sus padres, sus hermanos gemelos, dos gatos y una tortuga en San José (California). Le gustan las matemáticas, las ciencias y los videojuegos. Conoce como nadie los juguetes animorfos y transformistas. “Son como coches y trenes y animales que se transforman en robots o personas” 3
Durante una temporada, la fascinación de Tommy por sus juguetes era tan fuerte que cuando no los tenía cerca fingía que él era un juguete, y de camión pasaba a robot y luego a gatito. Lo hacía en el centro comercial, el patio del colegio e incluso en clase. A su madre y profesores esta pantomima repetitiva les parecía graciosa pero perturbadora. También delataba otros síntomas preocupantes.
Su madre recuerda que a los 3 años Tommy hablaba con cierta fluidez y se expresaba bien, pero no parecía comprender que en la conversación debe haber reciprocidad y, curiosamente, evitaba mirar a la cara a la gente.
Cuando Tommy cumplió 8 años, sus padres descubrieron por fin cuál era su mal. Un psiquiatra les informó de que su hijo tan inteligente padecía una forma leve de autismo.
Aquella noticia fue un golpe casi insoportable, pues apenas hacía dos años se habían enterado de que los hermanos gemelos de Tommy, Jason y Danny, eran del todo autistas.
Aunque al nacer parecían normales, los gemelos apenas habían aprendido a decir unas cuantas palabras antes de adentrarse en su mundo secreto, perdiendo todo lo que acababan de aprender. En lugar de entretenerse con sus juguetes, los rompían; en lugar de hablar, emitían sonidos extraños y daban gritos.”
Tommy aún en su mundo autista establece relaciones con objetos inanimados: sus juguetes. No responde a la demanda de los otros, sin embargo, en el contacto que logra establecer con otros o éstos con él, en algunas ocasiones muy precariamente, éstos sujetos que se convierten en sus auxiliares, (su madre y / o sustitutos) y su contacto, es algo que para él no necesariamente se denominaría afecto, amor, y demás sentimientos, sino que el otro es percibido como un objeto, un satisfactor de necesidades que le da la posibilidad de no aniquilamiento, y que desde la teoría de la coherencia central sobre el procesamiento humano de la información, el autista sólo realiza un procesamiento fragmentado que le impide reconocer las emociones.
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Podríamos decir que el autista sólo ve una parte del objeto y no su totalidad, y con este fragmento establece un vinculo que hace parte de la fantasía y el mecanismo mental utilizado por el sujeto para transferir la experiencia interna a una externa, de ahí que la fortaleza del procesamiento de la información apunte a la forma, los complementos, los rostros invertidos, inconexos y sin sentido.
Este sujeto introyecta los objetos externos en su mundo interno, los vuelve todos buenos, se enamora, los unifica y se queda con ellos sin que se active una angustia claustrofóbica al quedarse encerrado con dicho objeto encontrando así una forma de vida que le resulta más tranquila.
También, existe la posibilidad, como lo plantea Pichón Rivière,
“de que se suma en un estado de catatonia donde el sentido de su estado, de su vida misma está en el control de un objeto interno, perseguidor, con el cual establece una relación particular (...)” 5y que a través de su conducta, en la cual por momentos se golpea, o se ve invadido por una angustia inusitada logra finalmente dominar ese objeto que capta toda su atención. Es así como las relaciones que establece con sus objetos internos ya estén en su mente o en su cuerpo, dan lugar a fenómenos particulares: dar vueltas sobre si mismo, balancearse, rechazar algunos sonidos, comidas, texturas, comportamientos de modo repetitivo o de carácter obsesivo, formas agresivas o autodestructivas, imitación de lo que logra ver en los objetos que llaman su atención, tal como lo hace Tommy con sus juguetes transformistas.
En el autismo se podría plantear que el niño cuando se desconecta del mundo exterior vive un mundo invadido de objetos buenos que le resultan más gratificantes que los que encuentra en su mundo exterior, haciendo de ésta relación de objeto algo muy fuerte y poderoso que es descrita por Pichón Rivière de la siguiente manera;
“La alienación aparece entonces como vivencia en la medida en que la relación del vínculo interno con el objeto interno se hace cada vez mas fuerte y poderosa, es cuando todo el mundo vivencial del sujeto se retira del mundo exterior y se concentra en la relación con esos objetos”.
Ante la afirmación
“la relación con los objetos internos determina la relación con los objetos externos”, en el caso del autista la relación o vínculo con los objetos internos determinan la no-necesidad de una relación o vínculo con objetos externos, lo que establece una forma de vínculo patológico, que se puede plantear como una respuesta o mecanismo de defensa hacia los objetos externos que le originan una ansiedad básica al ataque y hacen que opte por una vida silenciosa, y una posición básicamente esquizoide, donde su odio puede estar dirigido a objetos externos y el amor a los internos, es decir una relación de objeto bivalente.
Conforme a lo anterior, se puede observar la necesidad y el amor proyectado por Tommy a sus juguetes, a sus objetos de amor de carácter inanimado, y al mismo tiempo los únicos que permiten de alguna forma, tener una aproximación de comunicación de carácter no verbal con Tommy, abriendo la posibilidad de tener noticia de alguna de sus formas de vincularse; así como un acercamiento desde la observación a las tantas oportunidades de interpretación que puede brindar el mundo autista.
La necesidad que se plantea sobre la existencia de algunos aspectos que se deben reunir para que exista el vínculo, es lo que de alguna forma nos devuelve a la pregunta inicial ante la imposibilidad de una triangularidad observada en la limitante para vincularse con otros semejantes, así como lo que encarna lo social -ese gran Otro presente continuamente-, y la dificultad de un aprendizaje que en algunos casos es enorme, la ausencia de diferenciación como de una libre elección, es lo que hace buscar en la relación de objeto el mejor punto para sostener algo que no tiene forma de ser refutado por el sujeto en su situación o condición de autista.
Sin embargo, su conexión con el mundo exterior en los casos menos severos no está perdida del todo y a través de algunos productos, de sus gestos, sus lugares y actividades preferidas o repetitivas se tiene noticia de una posibilidad de vinculo, de comunicación no verbal que da cuenta de sus deseos y por que no, de su forma particular de goce, como dice Eric Laurent:
“El niño autista está capturado en la relación sexual, lo que lo hace gozar, y el esfuerzo que hace no es tanto movilizar toda la metáfora para reconstruir una metáfora delirante, sino hacer función con sus órganos, puesto que no ha simbolizado esto en el falo. Puede tomar diversas formas clínicas, por ejemplo taparse las orejas para hacer función de la voz”.
Este recorrido por diferentes aspectos y teorías que hacen parte del estudio sobre el autismo pueden aclarar algunas dudas o generar nuevos cuestionamientos, ya no sobre la posibilidad del vínculo sino sobre que hace que el niño autista calle?, cuál fue la operación fallida que lo encerró en su mundo? o como dice Lacan
por qué hay algo en el autista que se congela. Pero usted no puede decir que no habla. Que usted tenga dificultad para escucharlo, para dar su alcance a lo que dicen...