Introducción
El presente trabajo se refiere a una síntesis sobre una investigación en dos comunidades caracterizadas por la indigencia y marcadas por la emergencia. Si una emergencia mayor es aquella situación que no rebasa la capacidad de respuesta instalada pero exige a la comunidad utilizar todos los recursos disponibles para enfrentarla, podemos establecer que la horrorosa, vergonzante e inmoral situación que atraviesan más de la mitad de los niños argentinos es una emergencia.
En la actualidad los hijos de los pobres en Argentina no tienen acceso a la educación, se enferman, están mal alimentados, no acceden a empleos productivos, no tienen capacitación, no tienen crédito, con ellos se autogenera la pobreza. La vida –entonces- se convierte en un “círculo perverso” de carencias que se van retroalimentando y fortaleciendo hasta constituir un modelo reproductor de pobreza, privaciones, y finalmente, degradación brutal de la calidad de la vida y acortamiento de los años de existencia.
Sin embargo no será negando esta realidad como se podrá superar el problema, sino reconociéndola y aceptando que se debe actuar rápidamente si se quiere revertir lo que aparece como un continuo proceso de deterioro de la calidad de vida. Además la velocidad con que se están produciendo los cambios, no solo impone que las instituciones sean innovadoras, sino que además requiere que todos replanteemos nuestros roles para lograr la mayor eficacia en este socio-sistema.
Esta ciclópea tarea sólo será posible abordarla si se logra amalgamar una voluntad colectiva y así encontrar las formas de organización más inteligentes, que sean capaces de superar intereses sectoriales frente a la emergencia bio-psico-social que nos presenta esta adversidad.
El hambre, más que un problema coyuntural, es una crisis de nivel mundial que se acentúa día a día y necesita de acciones estructurales para resolverla. Cada vez se hacen más necesaria la participación y protagonismo de cada uno de los involucrados, dejando atrás épocas en las que el individualismo y el aislamiento nos conducía a una política del sálvese quien pueda, alentada por el egoísmo y la falta de equidad. Hoy más que nunca, se hace evidente el triste panorama al que conducen tales actitudes.
Desde este marco de gravísima descomposición social, donde pobreza, desnutrición y muerte son una extraña mixtura que se ha instalado en el “granero del mundo”, intentaremos elaborar este trabajo. Articulando dos contextos diferentes que el hambre logró emparejar: una villa miseria del Gran Buenos Aires- y un pueblo del sur de la provincia de Santa Fe, región reconocida como “una de las zonas de tierras más productivas del mundo”.
Si bien es un tema que por estos días nos angustia demasiado, hace rato que hemos comprendido que el arma de destrucción masiva más potente que existe en este planeta se llama hambruna o, lo que es igual, que un ser humano en el siglo XXI te diga: “¡...Tengo hambre, carajo!”.
Indigencia y hambre: Emergencia psicosocial
Argentina desde su imaginario social, se identificó como un pedacito de Europa, y su mirada hacia el resto del continente Latinoamericano solo coincidía como un accidente geográfico. Escuchábamos como los países considerados pobres padecían y deambulaban entre la emergencia social y los mal llamados desastres naturales “producto de la confluencia de factores naturales y humanos, éstos últimos de orden social, económico, político, cultural y ecológico”
1 , con un único propósito: sobrevivir.
La posibilidad de realizar este trabajo nos instaló en el interrogante ¿Cuál es la emergencia en la Argentina? ¿Qué es una emergencia en este contexto? Creemos que lo que prima son matices del sufrimiento que nos permiten ver que Argentina es parte del espejo latinoamericano, que hoy nos encontramos ante una bomba, que no es nuclear ni bacteriológica, pero si es social y está a punto del estallido, porque el detonante es el hambre. Organizarnos para prevenir es un imperativo ético, político, económico, social y global.
En Argentina en los últimos meses las cifras se dispararon, de acuerdo a la Encuesta Permanente de Hogares en el mes de Mayo del 2002, el 53% de los argentinos vive bajo la línea de pobreza. Los datos son escalofriantes, siete de cada diez chicos no tienen las necesidades básicas satisfechas.
2 Podemos así afirmar que la mayoría de los argentinos viven en medio de privaciones fundamentales que convierten su vida en un tormento diario. Tormento que trauma la vida cotidiana ante la lógica de no poder representar esta metáfora que es el hambre. No hay recursos previos para enfrentarlo.
Observamos familias desbastadas ante esta emergencia y en la fase de impacto las primeras víctimas inocentes son los niños: pancitas abultadas, talla y peso reducido, cabello descolorido, costillas marcadas, actitud apática y somnolienta. Y el después: niños con retardo madurativo, sin los cuidados médicos necesarios, concurriendo a escuela pública deterioradas en el mejor de los casos, porque muchos ni siquiera tendrán acceso a la educación y como jóvenes serán excluidos del sistema educacional y el mercado laboral.
Todo este complejo de carencias del que sobreviven suele ser detonante de otra emergencia social, la delincuencia. Y terminan en cárceles de las que salen en peores condiciones de las que ingresaron, llevando una calidad misérrima de existencia. En este esquema de trauma “hambre cotidiana” la subjetividad se construye en un nuevo juego dialéctico y el dominador es el hambre, visualizado en el estado de indigencia, que desinstrumenta al hombre para la práctica social poseída...
Emergencia donde la capacidad no queda rebasada sino como lo expresa Ana María del Cueto siempre existen líneas de fugas, marginalidades, expresiones de sentido diferentes, que cuando adquieren fuerza hacen surgir lo nuevo instituyente.
3
Marco Teórico
El abordaje del trabajo en esos dos contextos diferentes que –según manifestábamos en la introducción- el hambre logró emparejar, en lo que respecta a las necesidades de los aproximadamente 100 niños que concurren a cada uno de los comedores, fue direccionado hacia la reorganización de vecinos de cada uno de los lugares en cuestión. Esta unión a la que nos referimos implica la acción de no plantear la tarea uno a uno sino a partir del trabajo del grupo que los conforma. Procedimiento éste que les permitirá aprender a conocerse y conocer más allá del contexto social que los implica, una apertura hacia el resto de la comunidad.
Intervención que los reorganizará a través de una red institucional pública y privada, para transformarse de grupo a unidad de acción, conformando un equipo de trabajo. Dos aspectos fundamentales convocan: salud y alimentación, tan entrañadamente unidos que es imposible priorizarlos. La actual crisis social les impone -por una cuestión de supervivencia- organizarse desde estas categorías.
En el caso de Villa Luján, específicamente han mencionado en una reunión a la que los convocamos, no solo la carencia de alimentos, sino la falta de profesionales desde la Salud Pública en los diferentes servicios que los atienden por la imposibilidad de contar con obras sociales, como la casi completa extinción de los insumos ante las enfermedades que aquejan a sus hijos. Encadenamiento éste desde donde surgen las condiciones de vida social y laboral en que están sumergidos. La propuesta aquí es que se reorganicen para enfrentar la situación de riesgo social definido desde la desvinculación entre sus recursos internos, los recursos externos y la realidad que los desborda en el acontecer diario.
Desde los recursos internos han demostrado capacidad de organización, razón por la cual el merendero tiene un espacio concreto y real, existe en cambio una desigualdad entre los recursos externos, en alusión a las condiciones materiales de vida, que les impide dar el almuerzo o la merienda reforzada diariamente.
En el caso de María Teresa el comedor es atendido por un grupo de voluntarios cuyo fin es paliar la emergencia del hambre y se aspira a que las madres de los niños puedan en principio asistir, para organizarse y poder laborar en forma mancomunada con el grupo de voluntarios. Las aspiraciones concretas de este grupo tienen objetivos que van desde el trabajar las condiciones de vida subjetivas de estas madres hasta el trabajo sobre las condiciones materiales de vida, intentando la producción de recursos externos.
La reorganización a la que apuntamos en ambas intervenciones es lo que en el “aquí y ahora” les permitirá equilibrar los recursos internos y externos para modificar la realidad referida.
Turbulencias y complejidades
Si la calidad de vida de un país tiene que ver con la justa distribución de la riqueza, los índices para medir el desarrollo social no deben ser económicos sino la esperanza de vida, el trabajo, el acceso a la educación, una vivienda digna y la participación en actividades culturales.
La marginalidad pasa hoy por esa nueva población emergente de los intersticios institucionales, donde aparecen los desempleados, los jóvenes en busca de empleo o los trabajadores precarizados. El hambre, el dolor físico, el daño corporal, la victimización extrema, transforman el sujeto humano en un cuerpo, aniquilando su dimensión social y cultural. La privación fundamental de los derechos humanos se manifiesta por sobre todo en la privación de un lugar en el mundo.
Desde la lógica clásica o conjuntista identitaria como la llama Castoriadis, domina una forma de pensar basada en la exclusión de la diferencia, en un pensamiento absoluto, que presupone que cambiar las estructuras internas o externas del sistema bastaría. Se requieren cambios de miradas, abandonar la perspectiva instaurada, salir del círculo vicioso de dualidades dicotómicas, a un pensamiento complejo, como transformación, como devenir.
La realidad concreta que nos toca vivir es turbulenta e impredecible; los reclamos por educación, los piquetes por trabajo, abrazos a instituciones pidiendo por seguridad, cacerolazos, autoconvocatoria espontánea de vecinos en cualquier esquina, huelgas de hambre o bocinazos son formas de asumir posturas activas frente a la crisis, para lograr neutralizar sus efectos.
Una Argentina cada vez más lejos de las “proclamas” de la última década parece pasar de la crisis que solíamos concebir de poca duración y oportunidad de desarrollo a una “vivencia catastrófica”
4 y que hoy vivimos extendida en el tiempo, gestada en períodos de ajustes y transformada en fenómeno permanente (no coyuntural) con un latente peligro de estallido social.
El sujeto no es, deviene en interacciones sociales, donde cada persona impulsa posibilidades de pensar, cambios de percepción. Así concebido el espacio comunitario es un ámbito de aprendizaje social, de intercambio y articulación de grupos e instituciones.
Pertenencia, interacción, ausencia de aislamiento, son las fases fundamentales de la idea de comunidad y humanidad. Se necesita del espacio público, la presencia del otro para convertirnos en humanos, nos interrogamos si no es la indigencia una señal de deshumanización.
La estrategia que consideramos operativa es posibilitar la participación grupal interactiva de los sectores vulnerables tanto en la zona urbana de Buenos Aires como en la rural de Santa Fe a fin de que puedan visualizar su capital social.
Textualizando el contexto: Del Gran Buenos Aires al sur de Santa Fe
El contexto hecho texto
Asentamiento del Gran Buenos Aires
Este asentamiento ubicado en uno de los distritos del conurbano bonaerense se caracterizó en los últimos 50 años por ser un polo industrial importante, que en la actualidad está al borde de la desaparición. Una de las características de la comunidad investigada es que las tierras son fiscales y sus habitantes construyeron viviendas propias en terrenos cedidos por el gobierno; viviendo en un espacio geográfico de 50.700 m2 alrededor de 2.700 personas.
Las familias del lugar sufren la escasez en la disponibilidad de alimentos como consecuencia directa del desempleo o de la inserción en actividades informales de baja productividad económica. Esta situación de pobreza se encuentra acompañada de deficiencias sanitarias en las viviendas precarias del barrio, sin cloacas, en algunos casos con carencias de agua potable (por imposibilidad de conectarse a la red) y del saneamiento adecuado por la inmediatez del Canal Sarandi que pasa por el corazón del barrio. Situación esta que los mismos pobladores califican de malas condiciones de higiene. Los niños de estas familias se encuentran expuestos y de hecho contraen enfermedades infecciosas, gastrointestinales como diarreas o parasitosis, eruptivas que se complican con enfermedades respiratorias agudas como neumonitis y otras con tasa alta de hospitalizaciones y morbilidad.
Nos preguntamos que ocurre en la Argentina hoy, donde morirse de hambre es mucho más que una expresión. Si hoy no han comido, quizás mañana tampoco puedan hacerlo. Somos conscientes que nuestro país sufre una dramática situación social; problemas económicos, falta de trabajo, deficiencias en la atención de la salud, agravada por no poder acceder a los medicamentos o por la higiene inadecuada y la marginalidad son algunas expresiones de la catástrofe que vivimos. Sumado a todo esto restricciones fiscales como la suspensión de programas de ayuda estatal, hace que no se puedan solucionar todos estos problemas inmediatamente.
Nos llamaron intensamente la atención las consecuencias psicosociales que observamos desde nuestra intervención. El pasaje de la pobreza a la indigencia colocó a esta comunidad en una situación de emergencia y desprotección, instalándolos en la necesidad de solicitar ayuda. Vale decir que su vida cotidiana se vio alterada y esta comunidad no tenía respuesta para el estado de salud de sus niños.
El hambre se volvió una epidemia alertaba el diario “Crónica” del 16/11/02 y lo llamativo para nosotras fue la marcada apatía hacia la comida de los niños del lugar, problemática que los profesionales médicos de atención primaria de la salud del lugar, observaron como una característica propia del proceso de desnutrición, diagnosticada como “síndrome anorexígeno”, que en los niños pequeños las madres potencian ante la falta de comida respondiendo solo con el amamantamiento.
El objetivo de nuestra intervención apuntaba a mejorar el estado nutricional y la condición de vida de los niños que concurren al Comedor Comunitario del barrio, partiendo de la autogestión de recursos por parte del grupo vulnerable. Para lograr el propósito arriba señalado, programamos actividades que apuntaron a fortalecer los vínculos desde la participación y el intercambio de conocimientos, opiniones y creencias para estimular la búsqueda conjunta de posibles soluciones ante el impacto de ver a sus hijos en muchos casos en estado de desnutrición.
El contexto observado nos permite afirmar que por más golpeada que se encuentre una población es capaz de tomar la responsabilidad de su supervivencia. El pasaje de la indigencia a la pobreza solo lo permitirá un proyecto de vida; Mientras tanto solo sobreviven.
Al finalizar la primera etapa de la intervención, los logros de la comunidad se relacionan con la organización, la autogestión de los recursos y un marcado protagonismo activo de articulación e intercambio con las instituciones del distrito.
Sur de Santa Fe
Es un pueblo de 4.048 habitantes, 3.205 de los ellos viven en la zona urbana distribuidos en 1.144 viviendas. La localidad se ubica en, en el sur de la provincia de Santa Fe. Se encuentra en una zona que corresponde a la pampa hundida o de las lagunas, reconocida, además, como el área de las praderas más fértiles del mundo.
Su posicionamiento en el corazón mismo de la pampa húmeda hace propicio el desarrollo de la agricultura y la ganadería, tanto es así que fue protagonista, a lo largo de la historia, de producciones récord en el país. Es evidente entonces, que la disposición territorial otorga a la actividad Agrícola-Ganadera un papel trascendental, transformándola en el principal sustento económico del lugar. No obstante, durante los últimos tiempos se registra un avance muy significativo de la pobreza ya que la localidad tampoco escapa a la cruenta realidad por la que atraviesa nuestro país.
El advenimiento de la tecnología del brazo del modelo neoliberal mundial es la principal causa del actual desempleo en la zona: la automatización del trabajo prescindió de muchos brazos en la última década. En este sentido, es importante destacar que gran parte de los habitantes del pueblo laboraban en tareas agrícolas, por consiguiente la situación económico-social se torna alarmante al verificar que donde antes eran necesarias 5 personas para realizar una siembra o una cosecha, hoy resultan necesarias una o dos. Similares condiciones afectaron a quienes trabajaban en ganadería; dicha actividad fue desplazada por la tecnificada agricultura.
Son alrededor de 40 hogares –donde subsisten más de 100 niños- están emplazados en la periferia del pueblo. Las calles son de tierra, las viviendas considerablemente precarias, no hay cloacas, sólo algunos tiene luz eléctrica (muchos de ellos la obtienen de manera clandestina) y, si bien la red de agua potable está extendida en todo el pueblo, son muy pocos los que han podido abonarse a la misma. El tema de salud está cubierto por el único hospital público de la localidad, pero la demanda sanitaria hace que dicha institución devenga ineficaz –más allá de los valerosos esfuerzos de los profesionales con que cuenta-, debido a la falta de medicamentos y a los pocos especialistas con que cuenta el hospital.
En la localidad funciona un comedor escolar -situado en la única institución educativa de nivel primario- al que acuden aproximadamente 90 niños, de entre 4 y 14 años, que son alimentados de lunes a viernes. Desentendidos de su calidad de alumnos los chicos atraviesan los fines de semana con dosis alimentarias extremadamente precarias y, en los casos más graves, soportan jornadas enteras sin alimentarse, mientras que sus padres sí lo hacen.
El empobrecimiento abarca los aspectos físicos, biológicos, habitacionales, recreativos, culturales, económicos, sociales, políticos, espirituales y afectivos que configuran la vida social del lugar... ¿el problema es social? ¿Político? ¿Cultural?... Creemos que el análisis no tiene demasiado sentido cuando el hambre se ha instalado.
La intervención comienza cuando, bajo estas condiciones, un grupo de cuatro personas –a quienes luego se unieron unas veinte más- pertenecientes a la sociedad civil creó el “Comedor de los Domingos” que alimenta a chicos y criaturas teniendo como fin inicial paliar la emergencia del hambre. Fue puesto en marcha hace seis meses con recursos personales que actualmente se complementaron con donaciones de las pocas empresas existentes en el pueblo y de habitantes de la zona rural que se solidarizaron con el proyecto. El grupo está dividido en 4 subgrupos de 6 personas cada uno para cumplir con la tarea de alimentar en forma rotativa. Semejante proyecto demanda un profundo compromiso porque resulta necesario consagrarle varias horas, resignado responsabilidades personales para dedicarse al trabajo voluntario.
Una vez que el comedor se puso en funcionamiento, seguimos con la intervención focalizando actividades tendientes a convocar a las madres. A través de charlas y talleres logramos reconocer sus necesidades vitales y así poder establecer patrones de trabajo de manera mancomunada (madres y voluntarios) destinados a promover una cultura de convivencia y colaboración para generar una estructura relacional que nos permita desplegar nuestros objetivos ya señalados en el marco teórico.
Hoy, si bien aún no se ha logrado la autogestión de los recursos necesarios para el sustento del comedor, se ha alcanzado un excelente grado de organización y compromiso entre madres y voluntarios, al punto tal que son las mamás y algunos padres quienes cada domingo asumen la tarea de cocinar para sus hijos.
Más allá de los resultados alcanzados, y porque no queremos al comedor convertido en “comedero”, en esta tierra del trigo, de la carne, de leche seguimos trabajando sobre propósitos que nos permitan alimentar las mentes para combatir el hambre.
Para concluir: La diversidad en la emergencia
“El mundo ha entrado al siglo XXI por un portal de fuego” expresó Kofi Annan, el secretario de las Naciones Unidas al recibir el premio Nóbel de la Paz 2001, en un intento de aparente elucidación de la emergencia planetaria. ¿A qué fuego se referirá?
Analizando el contexto mundial tres ideologías imperan, lo atraviesan y son posibilitadoras de que el hombre coexista con la vivencia de catástrofe continua. Una es la emergencia que surge de poderes totalitarios y burocráticos como el capitalismo occidental y el no tan lejano régimen soviético. Otra emergencia la constituye el recrudecimiento de ideas fundamentalistas, que sostienen que la humanidad tiene que llegar a ver un nuevo cielo y una nueva tierra. Aquí creencia y dogma se vuelven paradojas porque el hombre se purifica a través del conflicto armado. La emergencia restante es la que permite -a través de desvíos y fugas- pensar en el fuego siempre vivo de Heráclito, un lugar de renovación constante, el destino no es eterno, los límites no son absolutos.
La Argentina es doblemente vulnerable, desde lo político y socio-económico hasta el lugar que ocupa en el mundo, mezquindad humana que hasta intenta resumirnos en un basurero nuclear. Indicadores de este posicionamiento que nos mantienen en emergencia son ambas comunidades investigadas, espejo social que nos permitió reencontrar nuestras raíces latinoamericanas.
En este trabajo solo abordamos estas dos situaciones, pero hay una donde el círculo perverso del hambre como catástrofe ha comenzado a cobrarse las primeras víctimas en la Provincia de Tucumán. Circunstancia esta, que evidencia “lo real” y es génesis -al igual que en otros países hermanos, del convivir con la emergencia.
Nos preguntamos cómo concluir lo que recién se inicia, lo que aún requiere de planificación, intervención, acción y simbolización para poder pensar que en nuestro país el hambre se volvió catástrofe...
Bibliografía
- Adamson, Gladys – La Psicología Social frente al tercer milenio – Ed. Labriego – Buenos Aires –2001
- Castoriadis, Cornelius – La institución imaginaria de la sociedad – Vol. I – Turquest Editores – Buenos Aires - 1993
Comité Nacional de Capacitación – Introducción a los Desastres – Temas 2 y 3 -Serie 3000 – Manual del Instructor – Cruz Roja Mejicana.
- Correa Pérez, Gabriel J y Restrepo Cardeño, M. A. – Comunidades Locales ante el Desastre Natural y el Conflicto Armado – CES – Medellín – 2000.
- Chouza, Graciela – Catástrofes Sociales – Poiésis N° 4 – Revista Electrónica de Psicología Social del Programa de Psicología con énfasis en Psicología Social – Universidad L. Amigo – Colombia – Junio 2002.
- Del Cueto, Ana María – Grupos, Instituciones y Comunidades – Lugar Editorial – Buenos Aires.- 1999.
- Echeverri González, Silvia – Proceso de Desastre y sus Efectos. Percepción del Riesgo – En: Intervención Psicosocial en
Conflictos Armados y Desastres de Origen Natural – CES – Medellín – 2000.
- Kaluksberg, Bernardo – Pobreza, el drama cotidiano – Tesis Grupo Editorial Norma – 1995.