Fundación Universitaria Luis Amigó
 
    NÚmero 6 • Junio 2003
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Jaime Alberto Carmona                
Decano de la Facultad de Psicología FUNLAM.
Salvador Dalí
Cygnes Reflechis en Elephants
Salvador Dali
1937.
El programa de psicología con énfasis en psicología social de la fundación universitaria luis amigó en el contexto de los programas de formación de profesionales de psicología en colombia
 
Las coordenadas que definen la ubicación del programa de psicología con énfasis en psicología social en el contexto de los programas de formación de profesionales en psicología en Colombia, están determinadas por el entrecruzamiento de dos vectores. Uno de ellos tiene que ver con los universales que comparte con los demás programas de psicología a nivel nacional en internacional; el otro vector está definido en función de la particularidad de su énfasis en psicología social, el enfoque particular de la psicología social de corte latinoamericano de Enrique Pichón Rivière y por el sello que le imprime la misión y la visión de la Fundación Universitaria Luis Amigó, institución de educación superior en la que fue gestado y se desarrolla actualmente.

Con respecto al primer vector, hay que decir que el programa de psicología con énfasis en psicología social de la Funlam, en su calidad de programa de formación profesional de pregrado, se inscribe en el ámbito de las ciencias sociales. Allí define el campo de la salud mental como su objeto de intervención, campo que comparte con otras profesiones del ámbito de las ciencias de la salud como la psiquiatría y con otras prácticas clínicas y dispositivos teóricos no universitarios como el psicoanálisis.

En ese sentido, el egresado del programa de psicología de la Funlam, define su identidad, en primer lugar, por su pertenencia al campo de las ciencias sociales y su intervención en el campo de la salud mental, en sus articulaciones y diferencias con los otros discursos y prácticas que intervienen en este mismo campo. En consecuencia su formación debe observar escrupulosamente el cumplimiento de los estándares de calidad definidos por el gobierno nacional para los profesionales de la psicología, los cuales están inspirados, a su vez, en los estándares que para la formación de psicólogos rigen en Norteamérica y la Comunidad Europea.

Así nuestros profesionales habrán de recibir una sólida formación disciplinar y profesional, que les permita reconocerse con propiedad en el medio profesional como psicólogos, que les garantice la homologación de su título a nivel nacional e internacional, que les facilite el reconocimiento de los semestres realizados en otra universidad del país o del exterior en caso de una transferencia y que les abra el campo de la docencia y la investigación, como psicólogos en cualquier universidad del mundo.

El segundo vector, como ya lo dijimos, está definido en función de la particularidad específica del programa, la cual tiene que ver con el énfasis en psicología social, el enfoque particular de Enrique Pichón Rivière y el sello propio que le imprimen la Misión y la Visión de la Funlam.

La definición del énfasis del programa exige, en primer lugar, establecer algunos acuerdos terminológicos mínimos en función de lo que entendemos por psicología social. Esta definición la podemos abordar en tres direcciones relativamente autónomas, pero que a la vez se complementan, a saber: a partir del objeto de estudio, del objeto de formación y del objeto de intervención.

Definir la psicología social en función del objeto de estudio, implica la definición de un objeto, un método y un edificio conceptual específicos; es decir un espacio epistemológico en el que se produce un nuevo saber, con unas nuevas herramientas. La emergencia de la psicología social, si bien todavía no se ha consolidado como una disciplina con el mismo estatus epistemológico de las disciplinas tradicionales, inevitablemente ha producido y habrá de producir, cada vez más, efectos de reordenamiento del mundo de las ciencias sociales, los cuales no ocurren sin tensiones, producto de las resistencias epistemológicas efecto de los saberes establecidos y de los intereses económicos y de poder de las comunidades académicas que han sido hegemónicas hasta el momento en el campo de las ciencias sociales.

Si hacemos la pregunta por el estatuto epistemológico de la psicología social en función del paradigma disciplinar positivista, que ha definido hasta ahora las fronteras político-administrativas de los saberes sociales, recibiremos dos respuestas posibles, aparentemente disímiles pero que en últimas tienen la finalidad común de preservar el orden establecido al interior de dicho paradigma.

Una de estas respuestas diría que la psicología social no es aún una disciplina, en la medida en que no ha construido un objeto, un método y un edificio teórico propios. La segunda respuesta diría que la psicología social es una aplicación de los métodos y los conceptos propios de la psicología individual a los fenómenos colectivos. Incluso habría una tercera respuesta posible, la cual diría que lo que se llama psicología social es un campo menor de la sociología, que se dedica al estudio de los grupos y los fenómenos sociales en pequeña escala. Estas tres respuestas dicen más de los límites que tiene la epistemología positivista para abordar los nuevos fenómenos que ocurren en el campo de las ciencias sociales, que de los alcances y los horizontes de la psicología social como un campo específico.

Si abordamos la pregunta por el estatuto epistémico de la psicología social a la luz de otras epistemologías legítimas actualmente en el campo de las ciencias sociales, como el paradigma de la complejidad, posiblemente no tendremos una rotunda afirmación, pero podremos constatar que la respuesta negativa será mucho menos categórica.

En efecto, uno de los hechos más relevantes en la segunda mitad del siglo XX en la epistemología, especialmente en el campo de las ciencias sociales, fue el nacimiento nuevas epistemologías que cuestionan radicalmente al positivismo y al neopositivismo, algunos de los planteamientos más destacados son la propuesta de Thomas Khun, que relativiza la pretendida autonomía del desarrollo de las ciencia explicado solamente a partir de factores intrínsecos, el anarquismo epistemológico de Paul Feyerabend que combate de manera beligerante al positivismo oponiéndole un relativismo radical y el Pensamiento Complejo de Edgar Morin, que rompe las barreras rígidas del pensamiento disciplinar y propone un nueva epistemología en la que es posible pensar en nuevos espacios transdisciplinarios. El surgimiento de estas nuevas propuestas en el campo de la epistemología no hay que leerlos solamente como un efecto del debate interno de esta disciplina; sino que hay que interpretarlo como los sucesivos intentos de fundar n uevos paradigmas epistemológicos que liberen la producción de saber en las ciencias sociales del cerco reduccionista que el positivismo importó del campo de las llamadas ciencias naturales, y que ha pretendido sostener aún después de que ni siquiera en su lugar de origen se sostienen algunos de sus axiomas fundamentales.

Este fenómeno se torna mucho más problemático si tenemos en cuenta que el campo del que se ocupan las ciencias sociales está sujeto a un proceso de transformaciones, rupturas y reconfiguraciones, al que no está sujeto de la misma manera el campo del que se ocupan las ciencias naturales. Verbigracia, entidades que fueron claves para las ciencias sociales de hace cien años como, la masa, el estado, la clase social, el partido, etc., hoy son realidades sociales que no sirven de referente a los sujetos modernos y, en el campo científico, estos conceptos son entidades teóricas con una muy discutible potencia explicativa. Asimismo, entidades que en su momento fueron muy prestigiosas en el campo de la psicología, como el individuo autodeterminado de la psicología racionalista del siglo XIX y buena parte del siglo XX; y, con ellas, las prácticas clínicas basadas en la búsqueda del gobierno de si mismo, el autocontrol, el fortalecimiento del yo, son hoy caricaturas que alimentan el mercado de los libros de aut oayuda y las técnicas sugestivas individuales o colectivas, más propias del mundo del marketing y de los distintos fanatismos que objetos de estudio consistentes para las comunidades científicas.

Paralelamente a la crisis que han sufrido dos de los referentes y entidades teóricas más prestigiosas de las ciencias sociales; el gran colectivo y el individuo; han ido emergiendo nuevos fenómenos que reclaman la atención de los científicos y que se resisten al análisis con las viejas categorías. Hacen parte de estas nuevas producciones sociales, diversos fenómenos grupales en el campo de lo estético, en el campo de lo político, en el campo de lo económico, y aún en el campo de los grupos contestatarios que transgreden y cuestionan el proyecto ético-social de la época de diversas maneras. Las ciencias sociales tradicionales se han visto impotentes para abordar los nuevos síntomas sociales encarnados en fenómenos grupales que desafían los instrumentos metodológicos y conceptuales tradicionales.

Algunos autores audaces han empezado a construir nociones nuevas, casi todas ellas difíciles de situar en un suelo natal preciso. Algunas de ellas son, tribus urbanas, subculturas, complejo cultural, imaginarios sociales, representaciones sociales. Los fenómenos grupales, en pequeña escala empiezan a constituirse para el sujeto moderno en referentes de construcción de identidad y de proyectos de vida más consistentes que los viejos referentes de los grandes colectivos y que el mito individualista, productos de la cosmovisión moderna que ha regido a occidente desde el alba del siglo XVII.

La emergencia de estas nuevas formaciones y los nuevos síntomas sociales, plantea nuevos retos a la ciencia y obliga a los trabajadores de los saberes humanos a volver la mirada sobre el grupo y sobre las nociones fundamentales que permiten pensar este objeto que tan bajo perfil ha tenido en la historia de las ciencias sociales.

Una noción capital es, en este sentido, la noción de vínculo, la cual es propuesta por primera vez por Floyd Allport como el objeto específico de la psicología social. Luego será retomada por Pichón Rivière como una noción central de su psicología social, inspirada en el psicoanálisis freudo-kleiniano, y posteriormente es utilizada por Jacques Lacan como el concepto central para construir uno de sus dispositivos teóricos más potentes y el que mejor permite dar cuenta de las modernas formas del malestar en la cultura.

En suma, si nos planteamos la pregunta por la psicología social, desde el objeto de estudio tenemos que decir que desde muchos lados se anuncia su nacimiento. Aquí hemos mencionado solo tres de ellos, a saber, los nuevos síntomas sociales, los intentos por responder a estos nuevos retos con nuevas construcciones teóricas con estatutos epistemológicos aún inciertos, y los pasos firmes que se han dado desde Allport y Kart Lewin, que fueron retomados luego por autores como Pichón, e iluminados desde el psicoanálisis por Lacan, para pensar el lazo social, y que sin duda permitirá enriquecer la reflexión sobre el fenómeno grupal. El telón de fondo sobre el que ocurren estos movimientos en las ciencias sociales es el progresivo derrumbe del paradigma disciplinar en las ciencias sociales y la emergencia de nuevas formas de producir conocimiento.

Si nos planteamos la pregunta por la psicología social desde el punto de vista del objeto de intervención, es decir desde la praxis del psicólogo en el campo de la salud mental, nos encontraremos con los niveles de intervención, conceptualizados de maneras diversas según las construcciones en boga, pero que en últimas se apoyan en una diferencia básica que es originaria de las ciencias de la salud y que define dos perspectivas de intervención del profesional en psicología respecto de las problemáticas psicosociales, una de ellas que se refiere a la intervención clínica propiamente dicha que opera fundamentalmente a nivel individual y que se sirve de las técnicas diagnósticas y de los diversos modelos psicoterapéuticos, este nivel de intervención tiene como escenario privilegiado el consultorio; la otra perspectiva es aquella que interviene en la promoción de la salud mental y en la prevención de las distintas formas del padecer psíquico, ciertamente puede valerse de técnicas individuales, pero encuent ra su mejor campo de intervención en las distintas formaciones grupales. Y, no solamente por razones de cobertura, sino también por el papel fundamental que cumplen los grupos en la etiología de los trastornos psíquicos y por las posibilidades que los mismos grupos ofrecen de convertirse en poderosos recursos para la promoción de la salud mental y la prevención de los trastornos psíquicos. Hay que aclarar sin embargo que la psicología social, definida en función del objeto de intervención del psicólogo no se define solamente por oposición a la intervención clínica en el diseño y realización de programas de prevención y promoción. Sus alcances van mucho más allá y pernean casi todas las esferas del quehacer humano, el ámbito organizacional, el educativo, los distintos espacios de lo comunitario, el ámbito jurídico, el deporte, la publicidad, entre otros son campos en los que el psicólogo con énfasis en psicología social puede intervenir más allá de la prevención y la promoción en la reflexión y resoluc ión de las necesidades más diversas y complejas de cada uno de estos campos.

En lo que se refiere a la psicología social como objeto de formación, o más precisamente como énfasis en un programa de formación de psicólogos, lo que define su especificidad se puede definir de acuerdo con la división que propone el decreto 1527 de estándares de calidad entre campos disciplinares y profesionales. En lo que se refiere a la formación disciplinar del psicólogo el componente psicosocial está dado en función de las problemáticas y cuerpos conceptuales que permitan iluminar la articulación de lo social y lo psíquico. En este sentido los componentes relacionados con los problemas fundamentales de la psicologías social, las bases socioantropológicas del comportamiento, los cursos de teoría de grupos, y las unidades temáticas de los cursos clásicos de psicología que se refieren a la relación psiquismo-sociedad conforman el componente disciplinar del énfasis en psicología social. En lo que se refiere al componente profesional, todos aquellos cursos en los que se brinde al estudiante instrumen tos para el desarrollo de programas colectivos de prevención y promoción y herramientas de intervención grupal para su desempeño en la comunidad en la institución educativa y en el escenario organizacional, hacen parte del énfasis en psicología social del objeto de formación. La reflexión sobre el aporte del enfoque particular de la psicología social de Enrique Pichón Rivière y su metodología de los grupos operativos, así como el aporte de la misión y la visión de la Funlam a la particularidad del proyecto del programa de psicología con énfasis en psicología social, serán objeto de otra reflexión.
 
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