Fundación Universitaria Luis Amigó
 
    NÚmero 6 • Junio 2003
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Freddy Guarín                
Psicólogo y Mg. en Lingüística
Salvador Dalí
Mercado de esclavos con la aparición del busto invisible de Voltaire, 1940
Óleo sobre lienzo, 46,5 x 65,5 cm
Colección E. y A. Raynolds Morse, préstamo Al Salvador Dalí Museum, San Petersburgo (Fla.)
¿Cómo lograr un pensamiento crítico, abierto y reflexivo en los profesionales en formación? “observo, luego, tengo criterio”
 
Presentación
Se me ha propuesto desarrollar el presente tema y he aceptado con gusto y recelo, porque ya desde hace varios años he venido observando que mucho más de la mitad de los estudiantes que asisten a mis cursos no logran tener, inclusive por más que parezcan esforzarse, unos procesos mentales adecuados a estudios de nivel superior en el campo profesional, no dudo que por ejemplo a nivel técnico serían muy adecuados con esa voluntad férrea que a veces parecen tener, pero que no les alcanza para niveles de abstracción más allá del parafraseo y una aparente brillantez en la capacidad de guardar información, la cual luego no procesan ni digieren por lo tanto, se indigestan y sintomatizan en crisis dignas de estudiantes de preescolar; el presente texto tiene para mí la función de “exorcismo” de lo meditado, lo cual es muy pertinente, ya que a la vez que ordeno las ideas al hacerlas públicas, por fin me comprometen.

I.

Es necesario, por razones prácticas, partir de lo existente, no “rasgarnos las vestiduras” porque la mayoría de las personas admitidas a estudiar, (que ya, desde este momento clasifican como “profesionales en formación”), no saben ni leer, ni reflexionar, ni observar: tenemos claro que ingresan los que ingresaron, y que obviamente si el proceso de selección se realiza con criterios cada vez más exhaustivos en los factores deseables como ser crítico, ser abierto y ser reflexivo, serán cada vez mejores las Facultades y se tendrían que dedicar menos esfuerzos en formarles lo que la educación anterior (escuela y familia) hasta el momento de sus vidas, ya debería haber hecho; habla muy claro de nuestro estado académico y social que en el sólo Valle de Aburrá existan 12 Facultades de psicología y que por ejemplo, en toda España sólo haya 35: ¿Hay un Boom, así como hace 20 años lo hubo con la Ingeniería de geología, o como hace 10 con Ingeniería de sistemas?.

Es claro: no todos los que ingresan a las Facultades de Psicología poseen las cualidades necesarias para trabajar profesionalmente con seres humanos, tal vez con mamíferos, a lo sumo, pero no con humanos. Me conmovió el caso de una estudiante de psicología en una universidad (de las 12 del medio), que había logrado llegar hasta el tercer nivel llorando a los profesores en cada final, aduciendo su origen campesino, su proceso de superación, la deuda social y simbólica que en última instancia tenían los más afortunados (profesores) con ella; Yo, ni a mi gato le llevaría a su consultorio, tampoco a mi cactus.

Es una realidad: los profesores nos vemos en todos los cursos rodeados (y a medida que avanza la formación profesional deben ser menos) de personas que no desean hacer lo que vienen a hacer: estudiar psicología; una función ineludible deberá ser confrontar esa estadía con el real gusto por lo que se inicia, es un actuación humana por doble vía: -no hacerle perder el tiempo al estudiante, y -no entregar a la sociedad profesionales ineptos.

Todas las Facultades de psicología debería replantear el estado actual de las cargas académicas y colocar en los primeros niveles a sus mejores profesores, los enfáticos, claros y expertos, para decir con relación a los estudiantes anodinos así como lo expresa Umberto Eco, cuando le dicen los editores de su texto “El nombre de la rosa” que elimine las 100 primeras páginas de su libro por aburridoras y lentas:

“no vacilé en negarme, porque, sostuve, si alguien quería entrar en la abadía y vivir en ella siete días, tenía que aceptar su ritmo. Si no lo lograba, nunca lograría leer todo el libro. De allí la función de penitencia, de iniciación, que tienen las primeras cien páginas; y, si a alguien no le gusta, peor para él: se queda en la falda de la colina” 1
Si el estudiante no acepta el ritmo del estudio de la Psicología puesto por los mejores profesores seleccionados con este fin, se queda en la falda de la colina, ese es ya un buen inicio debido a. que no todos por más simpáticos, bien que hablen o ingenuos que parezcan, poseen las condiciones necesaria para ser psicólogos... inclusive seguro el estudiante ha reflexionado que más de uno de sus profesores debió pasar por este proceso de selección

II.

Bien. Ya están sentados en el salón universitario, ¿ahora qué?... ¿los profesores tendrán una opinión unificada sobre lo que se busca formar en el futuro profesional de tal forma que todos sepan cómo actuar al unísono?... ¿Será necesario que exista este consenso?, veamos que ocurriría, por ejemplo, con el aspecto deseable de la “Crítica”, observémosla como posibles conceptos:

Crítica f.
  1. Arte de juzgar la bondad, verdad y belleza de las cosas.
  2. Cualquier juicio o conjunto de juicios sobre una obra literaria, artística, etc.
  3. Censura.
  4. Conjunto de opiniones sobre cualquier asunto.
  5. Con el artículo La, conjunto de críticos de literatura, arte, cine, etc.
  6. MURMURACIÓN."2


¿Cuál CRITERIO claro, elaborado, diáfano (no una OPINIÓN), tiene el profesor de lo que es la Crítica? Por ejemplo, ¿es adecuado comenzar realizando una crítica epistemológica (doctrina de los fundamentos y métodos del conocimiento científico) a la ciencia o disciplina psicológica, si el estudiante no tiene claro que es esto, y ni siguiera por que es ciencia y/o disciplina?...No. no es adecuado si de entrada el profesor tiene ya elaborado y la certeza, el criterio, (ya que así se lo han enseñado sus propios profesores), que la Crítica es una “censura”, o “un conjunto de opiniones”, eso será lo que transmitirá: no hay piso epistemológico y ya se está criticando, algo así como la hermosa escena de la película “La sociedad de los poetas muertos” (que tantos docentes apologizan como el buen maestro) donde el profesor les dice a sus alumnos, hablando de la Métrica del verso, que ¡arranque la página¡, ya que eso “envenenará sus almas”... obviamente si la arrancan, como efectivamente ocurre en la esce na, siguen el criterio firme del profesor, pero, ¿supieron que era la métrica del verso?, ¿saben si les servirá o no?, ¿la arrancaron con su criterio?... no, sólo obedecieron a la certeza y el poder del profesor, punto clave si se quiere ganar. Lo anterior lo escucho frecuentemente en dos de nuestras doce Facultades de psicología en frases literales como éstas:

  1. “La psicología no existe”
  2. “Todo lo que se diga en psicología es válido”
  3. .
Para decir con criterio la frase 1, se debe tener por lo menos una práctica de cinco años y una pertinente capacidad de abstracción y así, si quien la dice y cree en ella, sigue ejerciendo o no se retira de la formación profesional, entonces no la ha entendido... patético, ¿no?; la frase 2, en cualquier estado de formación o de ejercicio profesional, denota una ignorancia e imbecilidad digna sólo de un empírico en el área, menor de edad y con trastornos cognitivos moderados.

No, no se enseña a criticar a los profesionales en formación (ni a nadie), se moldea la capacidad crítica que todos poseemos, incluyendo los esquizoides, con la crítica misma que el profesor realiza a su discurso, a los otros discursos y a las teorías trabajadas, con el respeto, con el arte de juzgar la bondad, verdad y belleza de las cosas, sólo así el estudiante elaborará un pensamiento crítico, abierto y reflexivo, y tendrá la condensación de ellas: TENDRÁ CRITERIO.

¿Qué es el criterio?:

“Norma o regla en que se puede basar un juicio o decisión; juicio, discernimiento, capacidad de razonar. Del griego Kriterion, norma, medio de juzgar”3


Sólo el desarrollo del criterio le permite al profesional en formación ser independiente, ejercer con adecuación sus teorías, hacerse cargo de lo expresado y lo hecho, asumir y asumirse más allá del texto del profesor, que idealmente compendia los textos universales.

III.

La pregunta inicial:
¿Cómo lograr un pensamiento crítico, abierto y reflexivo en los profesionales en formación?,
deberá ser modificada:
¿Cómo lograr desarrollar el Criterio en los profesionales en formación?


La respuesta es clara, sencilla y contundente:

ENSEÑÁNDOLES A OBSERVAR

“Observar. Ver, advertir, reparar, mirar con atención, examinar. Latín observare: de ob: “a “, + servare: “cuidar, observar, prestar atención” 4


A observar no se aprende teóricamente.

Paulo Freire 5 en su texto titulado “La importancia del acto de leer” 6 relata que en él se produjo la experiencia de leer en dos momentos:

“primero, la lectura de la realidad (observar), la pequeña realidad en la cual me movía; luego, la lectura de la palabra, que a lo largo de mi escolaridad no siempre fue la palabra – realidad”,
y agrega más adelante:

“También formaba parte del contexto de mi realidad inmediata el universo lingüístico de mis mayores, y la expresión de sus creencias, gustos, temores y valores, que vinculaba mi realidad a otra más amplia cuya existencia yo no podía ni siquiera sospechar”.
Observar la realidad implica para el docente que pretende transmitirla haberla vivido, por lo tanto es ingenuo exigir que un profesor que no posee experiencia de la realidad de la cual habla, sino una experiencia de “palabras”, pueda lograr un pensamiento crítico abierto y reflexivo en sus estudiantes. Observar, leer la realidad por parte del estudiante, a partir del conocimiento, el saber y la crítica realizada por el profesor, le permite crear y recrear la propia, comenzar con el proceso a partir de la relación con la teoría, de desarrollar un criterio.

“la lectura de la realidad siempre precede a la lectura de la palabra, así como la lectura de la palabra implica una continua lectura de la realidad” 7
Observar, leer con el método del profesor, con el deseo que me transmite el profesor y me contagia a emularlo o a rebatirle, a imitarle o a criticarle luego de tener argumentos, se aprende a querer aprender, sólo si lo expresado se relaciona conmigo, con mi realidad y encuentro que no es sólo una abstracción etérea (actualmente, abordado en el modelo pedagógico Aprendizaje Significativo):

“Quien ha adquirido el hábito de aprender, nuca deja de aprender... Sólo cuando estamos seguros de que ese aspirante a profesional haya adquirido el hábito de estudiar toda la vida, podremos asegurarle a la sociedad que es apto para su servicio”8
El hábito se adquiere por observación, y luego, por criterio. Es preocupante cómo en el área de profesionales que trabajan con humanos que sufren o necesitan de él, se pueda pretende enseñarle el 98 por ciento de su formación por medio del frío computador: se confunde información con comunicación 9 , conocimiento con saber, tan fácilmente como quien no conoce adecuadamente confunde una actitud obsesiva con una esquizoide, que por demás es difícil de distinguir, lo cual no le resta una total importancia clínica.

Desarrollar el Criterio profesional a partir de la observación... inicialmente del profesor.
 

1 ECO, Umberto. “El nombre de la rosa”. Plaza y Janés Editores. Barcelona, 1997. Página 756.
2 “Nuevo Espasa ilustrado” Editorial Espasa, Diccionario enciclopédico. Madrid, 2001.
3 GÓMEZ DE SILVA, Guido. “Breve diccionario etimológico de la lengua española”. Fondo de Cultura Económica, México, 2001.
4 Ibíd.
5 Paulo Freire: Educador brasileño, figura cimera en América latina de la propuesta de una educación transformadora como “Práctica de la libertad”
6 Tomado de: “Psicología hoy”. Agosto, septiembre, octubre de 1992. Año IV Número 10. Medellín.
7 Ibid.
8 ABAD GÓMEZ, Héctor. “Manual de tolerancia”. Editorial Universidad de Antioquia, Medellín, 1996. Aparte XIX, p. 64.
9 La información es básicamente entrópica, repele a la redundancia, al humano en la discusión, la comunicación en su núcleo es información, pero toda su envoltura, su soporte, tiene que ser redundancia, por lo tanto una comunicación que tiene una esencia por develarse en la discusión con el otro.
 
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