Fundación Universitaria Luis Amigó
 
    NÚmero 6 • Junio 2003
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Claudia Velásquez                
Psicóloga Bienestar Universitario FUNLAM
Salvador Dalí
La Ciudad de los Cajones, 1936.
Salvador Dalí.
El desarrollo en el estudiante del conocimiento y dominio de sí mismo
 
En la formación como profesional de la psicología, se espera que el estudiante adquiera competencias en el campo teórico, técnico, investigativo, etc., los cuales se consideran necesarios pero no suficientes. Esto por cuanto el quehacer del psicólogo se inscribe en la dimensión humana de lo vincular, es decir, de los vínculos establecidos entre los sujetos.

El campo de lo vincular donde se sitúa el objeto de estudio del psicólogo, tiene como implícito, que el psicólogo mismo no queda excluido de su objeto de estudio, que él está implicado allí. En otras palabras, el psicólogo estudia los vínculos entre los sujeto, siendo él también un sujeto más que tiene vínculos, y además, en el momento de entrar en contacto con otro (sujeto, grupo, comunidad) para intervenir sobre él, también entra a participar de un vínculo.

Lo anterior impone un principio ético, puesto que aquel que se autoriza a intervenir sobre los sujetos y sus vínculos, para causar un saber sobre ello, requiere del psicólogo un saber sobre sí mismo que le permita identificar su lugar en dichos vínculos, el modo como su ser interviene allí, para, con este saber, darle el lugar que le corresponde, según la función de su función y rol como psicólogo.

El saber y el dominio sobres sí mismo, es algo que se presenta como deseable, y los hechos de la realidad indican que esto es algo que pareciera no ser connatural a los sujetos, sino más bien algo a alcanzarse, algo que está allí como una posibilidad a realizar. Estos hechos de la realidad indican que en los sujetos hay un desconocimiento de si mismo, a tal punto que el sujeto en ocasiones aparece para sí mismo como un ser que le es ajeno, en el cual no se reconoce, y en especial cuando algo del control de sí aparece afectado.

Esto no es un fenómeno de nuestra época, desde la antigüedad, con la filosofía inicialmente, la pregunta por el ser, por lo que se es, por lo que nos hace humanos, ha estado presente y sobre ella se han planteado complejas hipótesis y teorías. Que esto no sea un problema nuevo, no implica que se desconozca que cada época introduce a este enigma una particularidad, por lo que la manera como se entiende el conocimiento y dominio de sí, está en relación con el momento histórico.

Como ya se dijo, si el conocimiento y control de si, son una posibilidad a desarrollar, quiere decir que estas cualidades del sujeto no están desde un primer momento y requieren de algo para su realización. Se requiere en primera instancia de un deseo de conseguir este saber, puesto que el sujeto pareciera tener en él, más bien, un deseo de no saber. Y respecto al control de si mismo, que se espera alcanzar, indica que en el sujeto existen comportamientos, expresiones, ideas, que aun cuando le pertenecen y parten de si mismo, parecieran no responder siempre a su propia voluntad.

Ahora bien, conocimiento y control, son susceptibles de ser articulados, ya que en la medida que se obtiene un conocimiento, el dominio sobre lo conocido adviene como efecto de ello.

A partir de lo anterior, se hace necesario entonces precisar qué es lo que se entiende por si mismo, la tendencia a ignorar lo que se es y las vías para acceder a este conocimiento.

El sí mismo puede ser pensado a partir de dos dimensiones. La primera de ellas hace referencia a lo que un sujeto puede reconocer en él como atributos, inclinaciones, carencias, carácter, y que puede tomar para presentarse a los otros, para establecer vínculos con ellos. Para acceder a esta dimensión del sí mismo, el sujeto cuenta con el otro, con su semejante, con el que establece relaciones de comunicación, y el que además le devuelve la imagen de lo que es.

La segunda dimensión del sí mismo se le manifiesta al sujeto como aquello que él es, que se repite, que persiste, que no cambia, pero de lo cual no consigue dar cuenta, no consigue explicarse de manera satisfactoria su causa, y además es una dimensión esquiva a la palabra, que no se deja aprehender con facilidad en una definición, en una descripción de sus propiedades, y que es con frecuencia un aspecto que el sujeto rechaza de si mismo puesto que es rebelde a lo que el sujeto espera de si y aspira a ser. Para acceder a esta dimensión del sí mismo, no basta con establecer una relación con el otro, tampoco basta con un autoanálisis, o posición reflexiva, se requieren dispositivos específicos destinados para ello, que si bien implican la relación con otro, no es una relación de pares, o una relación como la que se establece en la cotidianidad con quienes rodean a un sujeto.

Como efecto de estas dos dimensiones del sí mismo indicadas, aparece entonces un sujeto un tanto dividido, entre una y otra.

Con base en el contexto planteado hasta aquí, se presentan en el programa de psicología una serie de propuestas de trabajo, cuya estructura permite que el estudiante se oriente, en la dirección de un conocimiento de si mismo, teniendo en cuenta también los alcances y limitaciones de ello...

Una de estas propuestas es la de los grupos operativos. En ellas el estudiante, al establecer una dinámica de conversación con otros con base en una tarea de construcción de saber, que además cuenta con la subjetividad, permite una dinámica en la cual el estudiante hace reconocimientos de lo que él es, a partir de su relación con otros, de lo que sus palabras generan y de lo que las palabras del otro producen en él; le permite identificar sus dificultades para establecer vínculos grupales, etc. Esta actividad facilita este conocimiento por cuanto implica a los estudiantes en su experiencia de aprendizaje, por la vía de lo grupal.

Otra propuesta con la que cuenta el programa, y que contribuye en este proceso de conocimiento de sí, son las asesorías de prácticas, en la cuales el estudiante tiene la oportunidad de analizar su desempeño y buscar salidas a las problemáticas propias de su quehacer, en lo cual, de manera inevitable se pone en juego no solo su saber sino su subjetividad.

La metodología de evaluación del proceso de aprendizaje, fundamentada en lo cualitativo, en la cual el estudiante no solo es evaluado por el docente sino que él también se autoevalúa y dialectiza la percepción que él tiene con la del docente, contribuye también a un conocimiento de sí; además porque las competencias a evaluar tienen en cuenta el compromiso, la responsabilidad, la capacidad de escuchar al otro, la disposición para trabajar en equipo, la relación con docentes y compañeros, entre otros.

La didáctica de los procesos de enseñanza, que tienen como fundamento la aplicación continua de la teoría a la realidad y la práctica, produce procesos de sensibilización en el estudiante, en los cuales puede reconocer sus fragilidades, sus fortalezas como sujeto social.

Las anteriores propuestas posibilitan el conocimiento de si mismo en el estudiante, en la dimensión que se mencionó en primera instancia, es decir aquella que se produce en una dinámica de tomar conciencia de algo de sí, a partir de la interacción con el otro y gracias al lenguaje.

Para la segunda dimensión del sí mismo mencionada, la que es rebelde a la palabra y enigmática para el sujeto, el estudiante tiene acceso a los servicios de la universidad en los cuales puede realizar procesos terapéuticos de que aborden este saber, además de la orientación que los docentes formados para ello puedan brindarle.

Para terminar, es importante señalar que el conocimiento y control de sí mismo puede conseguirse por la vía de la palabra y la relación con otro, pero que es condición una cierta disposición del sujeto para ello, además de las facilidades que el programa pueda brindar al estudiante.
 
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