Fundación Universitaria Luis Amigó
 
   
NÚMERO 5 • DICIEMBRE 2002
 
 
 
 
 
 
Por: Luz Amalia Ríos,
Liliana María Pérez Y
Rodrigo Lenis
               
Estudiantes de Psicología

FUNLAM

Débora Arango
Levitación.
Acuarela. 0.99 x 0.68 m.

5ta. Jornada de Lectura de Ensayos de los Alumnos del Programa de Psicología-Funlam

"LA MIRADA DEL OTRO": ¿HISTERIA O PERVERSIÓN?
 

En psicoanálisis no interesa qué es el goce, sino dónde está el goce, es decir éste aparece ligado a las relaciones que establece un sujeto deseante con su objeto deseado, y el monto de satisfacción que puede experimentar con dicho objeto.

El goce concierne al deseo inconsciente y diverge del placer en la medida que se encuentra más allá del principio de placer, puesto que excede los límites de éste en la búsqueda del goce perdido lo cual genera la repetición y el sufrimiento.

Es así como en cada estructura se pone en juego un algo, en la Neurosis es la demanda del Otro y en la perversión el goce del Otro y es ese "algo" que podemos denominar goce el resto no simbolizable, no representable por el sujeto.


Primer momento:

"Mi demonio particular no me aconsejó nunca que me buscase a mí misma, con una sonrisa de galán, cínico y cautivador me animaba a vivir la vida por los métodos más primitivos y explícitos: Emborráchate, follá, sé mala.". Esta es Begoña, una mujer de 36 años, soltera, doctorada en Ciencias Estadísticas, independiente y bella, quien a partir de su discurso e historia nos abre la puerta del análisis clínico y quien se describe así misma como práctica, realista, egoísta y cruel, nada sentimental.

Aquello que da cuenta del comportamiento sexual de Begoña es como dice Lacan, un goce femenino, un goce distinto, y sobre todo un goce que no conoce la palabra límite, podría decirse, que tal como se enuncia en la perversión el conjunto de sus comportamientos psicosexuales se acompañan de una crueldad o malignidad especiales, no sólo en su actuar sino cuando expresa: "yo busco el placer donde esta escondido y luego me chupo los dedos", aquí se evidencia como la pulsión parcial dominante se exterioriza libremente y se establece la diferencia con la neurosis en donde ésta se reprime generando el síntoma, por eso Freud hablaba de que la neurosis es el negativo de la perversión.

Cuando Begoña en uno de sus acostumbrados monólogos expresa: "Ávido de mis tetas y de mi bajo vientre, merece un premio, pero habrá que pensarlo. Es tan tontín, tan inocente… más que un premio merece una lección", hace referencia a uno de sus amantes, Daniel un joven de 18 años a quien duplica en edad y al cual, nombra o significa como su "perro guardián" y que dentro de su historia ocupa el lugar de objeto, aquel a quien se humilla, se degrada, se reta, se hace sufrir, buscando dividirlo para poder gozar o confirmar su división.

Esta posibilidad que le brinda Daniel (al igual que sus otros amantes) le permite a Begoña imponer su propia ley, la ley del goce, podría decirse que en ella la perversión es la respuesta dada a la pregunta de cómo goza la mujer [1], es en la perversión del acto sexual en el que se escenifica lo real de su fantasma, es decir, la relación sexual se escribe como posible, y el síntoma cesa de escribirse como imposible.

Begoña se mueve en dos direcciones en la búsqueda eminente del placer como una experiencia extrema, próxima a la angustia que considera exenta del engaño; en ella coexiste un comportamiento sexual "normal" y otro perverso y es en éste último en donde se coloca en la posición del amo cuando regresa al sitio en el cual fue sodomisada buscando la reivindicación de su lugar de amo al expresar "esta vez yo pago, yo elijo, yo mando". Es aquí donde pretende hacer aparecer en el campo del Otro la mirada o la voz como objetos representantes del "objeto a" con los que obtiene goce, podemos decir se hace ver o se hace oír tratando de lograr el goce del Otro y el otro no está allí sino para tapar la falta con su mirada o con su voz.


Segundo momento:

Hasta ahora hemos escuchado la descripción de una serie de comportamientos que apuntan a una estructura perversa; pero qué pasa si al ir mas allá pensamos lo anterior de otro modo.

"…el consejo de mi siquiatra: Debe usted encontrarse a sí misma. Declaro solemnemente que no tengo el menor deseo de conocerme mejor y que estoy satisfecha en mi condición de mujer enigma. …no quiero reconocerme sino ser reconocida, incorporada a la vida, a la naturaleza, al sentimiento, a la alegría, al reclamo de mis vísceras y si hace falta al dolor sordo de la bestia. Por desgracia mi cabeza, esa cosa maravillosa que llevo sobre mis hombros me impide el acceso jubiloso a mis instintos, preferiría ser una vaca antes que una mujer".

El discurso dentro del análisis clínico ocupa un lugar privilegiado ya que en éste lo importante no es lo que dice el sujeto cuando esta hablando sino lo que no dice, es así como Begoña nos permite entrever que su reconocimiento depende de lo que el Otro haga con ella; que le diga la verdad de su goce, del cual nunca sabe nada.

Ahora la pregunta es, en qué momento Begoña hace la elección de su neurosis? Y podríamos responder que existen tres momentos fundamentales que dan cuenta de la génesis de su histeria.


La Otra Mujer Detrás de la Histérica: La Madre, La Amante y la Hermana

"40 navidades sentada frente a él, son un símbolo irrenunciable, toda una vida de fidelidad y de felicidad… no pongas esa cara de guasa Begoña. Perdona mamá pero todo el mundo sabe que papá tenía una amante con unas tetas así de grandes y que murió encima de ella fornicándola…

Begoña como cada año haciendo su papel de oveja negra, todos la conocemos y la perdonamos, Begoñita tu eres la favorita de papá, aunque sólo sea por eso todos te queremos y te pedimos que nos quieras".

La elección de su histeria se basa en un primer momento en el hecho de la insuficiencia en el recubrimiento fálico de la madre, es así como el deseo de ella es lo que le permite experimentarse como incompleta, rechazada, devaluada en su identidad al no poder compararse con ese significante fálico.

El objeto de Begoña está dirigido no al hombre, sino al todo de la omnipotencia: La Madre. En su historia siempre ha existido una mujer antes que ella en la relación con el Padre, en primera instancia la madre, segundo la amante y posteriormente la hermana; a quienes reclama de una u otra manera el hecho de haber ocupado el lugar que a ella le correspondía, es decir gozar con el padre.

Elementos que son evidencia en ese reclamo permanente están dados por expresiones tales como: "A mí me gustan los viejos", "tengo dos vicios el whisky y los ancianos", "fingía ser dócil y tu fingías ser rebelde, ahora que ya no fingimos qué hacías aquel día en aquel sitio… mirabas?… sí sólo miraba".

Y la mirada del Otro como objeto del reclamo cobra sentido frente a la vivencia de la infancia, aquel momento en que Begoña irrumpe en el baño y encuentra a su hermana Isabel, de rodillas contemplando como el padre se duchaba desnudo, las dos se miraron y en ese momento todo cambio, en sus propias palabras sellaron un pacto que dio lugar a un relevo de actitudes: Begoña la rebelde e Isabel la dócil. Se funda el fantasma.

Esta vivencia de la infancia queda inscrita en el psiquismo y busca repetirse en presencia del amante pero la fantasía queda insatisfecha, Daniel no es un hombre viejo y ella no está de rodillas, de ahí su eterna pregunta Cómo gozaría otra mujer con ese hombre y ella mirando lo que pasa con esa mujer en el coito. Otra manera de interpretación podría ser: ¿Cómo gozó mi madre en el coito con mi padre?, ¿Cómo gozó la amante de mi padre con mi padre?, ¿Cómo gozó mi hermana con mi padre? Porqué la Otra mujer ocupo el lugar que tenía que ocupar yo, si yo era la preferida de mi padre.

Nombrada así misma como mujer enigma puesto que nunca supo que lugar ocupo en el deseo de la madre, se reconoce como sujeto divido y producto de la angustia se hace a su síntoma a partir de aquello que no funcionó en la relación sexual de sus padres, es decir el pervertir la relación sexual le permite demostrarle a las otras que ella si sabe del goce del Otro (el padre).

Begoña la gran histérica, explora las manifestaciones del deseo del Otro, busca hacerlo salir de casillas, ver hasta donde llega el deseo del Otro por ella, constantemente explora los límites de la relación de pareja, hasta donde se la quiere, hasta donde se la soporta "te lo advertí, pero tu respondiste puedo vivir con tu maldad, me gusta".

Su falta de ser transita constantemente entre la demanda del Otro y el goce del Otro, a veces como objeto y otras tantas como amo. "Freud esta diciendo: el perverso no es el otro; lo somos todos. Somos todos perversos. Somos inicialmente perversos, perversos polimorfos, perversos de manera múltiple… ¿La patología? [2].

Pero hay una cosa que le posibilita ponerle límite al goce "cuándo vas ha sentar cabeza? Y ella responde: Cuando me entren ganas de parir un hijo"

"Tu madre se ha convertido en un enigma, no se llega con amor al corazón de los otros, no se entiende así misma , lo intentaré contigo, contigo pequeña cosa de la nada, a la que quiero sin saber porqué hasta la abnegación, naciste para morir amor mío, no obstante celebrarás la vida, nadie te aclarará el enigma, gritaba, mordía y arañaba en mis orgasmos sólo para que tu vinieses al mundo".


NOTAS:
1. Salamanca Londoño, Raúl. La Clínica Psicoanalítica en Lacan. Documento. Pag. 57.
2. Bedouelle, Ana. Perversión y Neurosis Seminario de Psicoanálisis. Ed. UPB. Pag. 15
 
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