Fundación Universitaria Luis Amigó
 
   
NÚMERO 4 • JUNIO 2002
 
 
 
 
 
 
Por: Educardo Alberto López Gil                

Estudiante de tercer semestre de Psicología-Funlam

Fernando Botero
Colombiana
1999
Óleo sobre lienzo
45,08 x 36,86 cm
Registro 3238
Suplemento

PERSONALIDAD Y SEXUALIDAD EN LA REALIZACIÓN DEL SUJETO

 

“Minuciosas investigaciones realizadas en los últimos años me han llevado al convencimiento de que las causas más inmediatas y prácticamente importantes de todo caso de enfermedad neurótica han de ser buscadas en factores de la vida sexual. Esta teoría no es totalmente nueva. Desde siempre, y por todos los autores, se ha concedido a los factores sexuales cierta importancia en la teoría de las neurosis, y algunas corrientes inferiores de la medicina han reunido también siempre la curación de los “trastornos sexuales” y de la “debilidad nerviosa” en una sola promesa. No será, pues, difícil discutir a esta teoría la originalidad, si alguna vez se renuncia a negar su exactitud.” Con estas palabras daba Freud inicio a uno de sus ensayos sobre: “La Sexualidad en la Etiología de las Neurosis” en 1898.

Pero la idea no es centrarnos solamente en patología psicológica, sino conocer la importancia del factor sexual y la personalidad [es decir, la organización de sus psiques y de su conducta] en la vida y la salud mental y emocional de todo individuo. La psiquis de cada individuo está mediada indefectiblemente por el aspecto sexual; la interacción social y la cultura en la que esté inmerso, condicionarán sus estructuras socioafectivas; ya que modelan la personalidad total del individuo; pero será sin duda su desarrollo sexual quien determinará su conducta. En la concepción de Freud la sexualidad humana no es un instinto, no funciona con el esquema instintivo estímulo – respuesta, como una conducta heredada y adaptada, no tiene un objeto predeterminado, sino que encuentra un objeto en el curso de una historia muy variable; no tiene un fin pensado, ni parte de un lugar específico [los órganos genitales].

La sexualidad humana va más allá de las fronteras de la necesidad, el deseo y la demanda; tres términos que es necesario dilucidar para aproximarse un poco al complejo mundo de nuestra sexualidad. La necesidad nos remite al estado del organismo, la necesidad de alimento, de agua, de respirar; la necesidad no tiene historia, es decir, no nos lleva a nuestro pasado, a nuestro desarrollo, sólo nos habla del estado actual de nuestro organismo, nuestro cuerpo. El deseo si tiene historia. El objeto del deseo lo hemos producido en la historia; cuando nos acercamos al objeto del deseo, éste puede dar cuenta del sujeto, su personalidad, su forma de ser. El deseo se superpone a la necesidad. A la necesidad de alimento viene el deseo de lo oral, la sexualidad oral. Y a todas las necesidades se sobrepone una formulación simbólica. Es aquí cuando aparecen los subrogados; que puede ser un chupo para un bebé, un cigarrillo, un seno, etc.

El hombre sexualiza la necesidad. El deseo está vinculado a una formulación simbólica, organizado en una historia, [nuestra propia historia] se dirige hacia objetos encontrados en el curso de la vida. La demanda es la forma como el deseo que no puede expresarse para uno mismo o para los demás se reprime y se deriva hacia sustitutos. Siempre en toda vida humana encontramos todo esto: demandas, deseos; apoyados desde luego sobre nuestros fundamentos orgánicos, que llamamos necesidades. Cuando la identidad entra en cuestión, la sexualidad está siempre presente, todo está entonces sexualizado y erotizado, es el punto que nos permite pensar sobre el deseo y la demanda. Cualquier función de la vida humana puede ser analizada desde esta dimensión, como función erótica; es lo que podemos tener en cuenta, cuando pretendamos estudiar o definir aspectos de la sexualidad.

Todas nuestras carencias, traumas, vacíos afectivos, complejos, debilidades y temores, tienen su raíz en el desarrollo sexual. En nuestro medio, cada individuo presume de ser altamente original, que su carácter y personalidad son producto de su propia iniciativa, y que predomina, además, un parámetro estable de su conducta; desconociendo que somos un subproducto de la sociedad en que vivimos. La correspondencia entre la estructura del individuo y la de su medio social es tan estrecha que la estructura de los egos individuales puede ser considerada como un microcosmos en relación al macrocosmos que es la sociedad en que este se halle inscripto. Muchos estudios realizados acerca de las causas de la enfermedad mental, y en especial de las diversas psiconeurosis, han demostrado que esos desórdenes se deben, en su mayor parte, a las condiciones socioculturales del individuo.

En un mundo, y en especial en nuestro país, donde el orden social, los valores culturales y las condiciones de vida, no están integrados, la psiconeurosis y otras anomalías y desórdenes, tienden a aumentar con la desorganización correspondiente de la personalidad. Todo ello se halla determinado por la complejidad y autocontradicción de las respectivas estructuras sociales y culturales, por los «shocks» inusitados y por el devenir demasiado brusco de una serie de condiciones sociales a otras cada vez más difíciles. Somos seres gregarios y debemos conocer y asumir responsablemente que sin la afable interacción de las generaciones no habría sido posible la acumulación de experiencias y de cultura, porque ni el pensamiento ni los valores se transmiten genéticamente. Sin experiencia colectiva no es posible hacer distinciones entre lo verdadero y lo falso, lo justo y lo injusto, lo normal y lo anormal.

Sin el incesante estímulo de un mundo sociocultural en constante cambio, el desarrollo mental consiente no hubiera sido posible. Sin una estructura de interacción, la evolución de facultades como la memoria, la imaginación, el análisis, lo general y lo concreto; así como la creación de categorías básicas como la identidad, diferencia, causalidad, espacio, tiempo hubiera sido imposible que surgieran. Los procesos lingüísticos están íntimamente conectados al cambio social; y sin la interacción, el lenguaje nunca hubiera surgido. Para concluir, la sexualidad está marcando la vida de cada individuo desde antes de nacer, determina cada una de las etapas de desarrollo del niño, define y regula de una manera decisiva la identidad del joven y continúa acompañando la vida del adulto hasta la muerte. El hombre como ser sexuado, atado a la magnitud de esa condición, lucha por entender y darle sentido a aspectos que parecen ininteligibles para sí mismo. Es aquí donde el psicoanálisis se convierte en una de las herramientas más valiosas para que el hombre pueda explicarse, o por lo menos aproximarse con mayor claridad al complejo mundo de la sexualidad y el comportamiento que cada individuo presenta.

También debemos apreciar más objetivamente la importancia del factor social en el desarrollo y evolución de la personalidad de los individuos, y de estos a su vez para la construcción de las sociedades. Partiendo de este hecho se debe planear la estructuración de una sociedad que cada vez es más plural y conflictiva; siendo quizás esta, la única forma posible de convivir en nuestro universo sociocultural.  


BIBLIOGRAFIA

¨        FREUD, Sigmund. Obras completas. Buenos Aires: 1988.

¨        FREUD, Sigmund. Mis Opiniones Acerca del Rol de la Sexualidad en la Etiología de la Neurosis. Viena: 1905.

¨        ESTANISLAO, Zuleta. La sexualidad. Ensayo.

¨        SOROKIN, Pitirim A. Sociedad Cultura y Personalidad. Madrid: 1966.

¨        PAGE, Charles H. Santa fe de Bogotá: Mc Graw Hill, 1991.

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