Fundación Universitaria Luis Amigó
 
   
NÚMERO 4 • JUNIO 2002
 
 
 
 
 
 
Por: Angela Maritza Lopera                

Estudiante de tercer semestre de Psicología-Funlam

Fernando Botero
Manuel Marulanda 'Tiro Fijo'
1999
Óleo sobre lienzo
45,72 x 33,02 cm
Registro 3237
 
Suplemento

CONFLICTOS DEL YO, ELLO Y SUPERYÓ VS. SALUD MENTAL

 

Lo que busco desarrollar en este ensayo es ¿cómo son las relaciones que se presentan entre el yo, ello y superyó y que influencia tienen estos en la salud mental?

Como introducción al tema es pertinente definir las funciones y características de la segunda tópica introducida por Sigmund Freud, en la cual propone tres instancias del aparato psíquico, yo, ello y superyó. El yo es definido por Freud como el que se forma desde el nacimiento, en el primer encuentro con el mundo exterior, es el que piensa y hace. Sus funciones son: la tarea de la autoconservación, hoy  en día es cuestionable porque se ven muchos casos de bulimia y anorexia en donde parece que esta función desaparece para dar paso a la vanidad y la moda. También memoriza las experiencias, huye para evitar estímulos hiperintensos, cumple con la adaptación y actúa para modificar el medio. El yo aspira al placer y quiere evitar el displacer; mas adelante se puede observar como se dificultan estas funciones, cuando el superyó quieren evitar, juzgar y castigar estos principios de placer. El superyó esta situado en el interior del yo, es una especie de conciencia moral que juzga, vigila y castiga. En un primer momento el papel del superyó es desempeñado por la autoridad paternal, la cual el niño incorpora dentro de si a través del tiempo. Otra función del superyó es el de portador del ideal del yo, con el que el yo se mide, al que aspira alcanzar; el yo quisiera satisfacer todas las reglas puestas por el superyó, alcanzar ese ideal, que veremos que con la intervención del ello al entrar  el impulso pulsional se presentan dificultades.

El ello se refiere a un conjunto de impulsos instintivos del individuo, se rige bajo el principio del placer. Es todo lo desconocido para el yo, principalmente cuándo expresa "ese no soy yo”. En el ello hay investiduras pulsionales que piden descarga, presionando el yo. En palabras muy comunes vemos como el yo se ve entre la espada y la pared, por un lado el ello y en el otro el superyó. Por esto es que cuando nos enfrentamos a tomar una decisión, en la mayoría de las veces nos expresamos con esta frase tan común “ una cosa nos dice el corazón y otra la razón”, me atrevería a comparar lo llamado “corazón” con ese ello que siempre busca satisfacer sus pulsiones , y la llamada “razón” con este superyó que nos reprocha por las acciones realizadas. Como se puede observar no se hace una separación de la personalidad en yo, superyó y ello, hay nexos entre estos, en los cuales se ve como se enfrentan estas instancias. Para observar claramente los conflictos que se presentan entre las instancias del yo, superyó y ello, quisiera citar un ejemplo que clarifica muy bien que es lo que sucede (texto 31ª conferencia la descomposición de la personalidad psíquica). Se podría comparar la relación entre el yo y el ello con lo que medía entre el jinete y el caballo. En ese caso el caballo produciría la energía para el movimiento (ello), el jinete tiene el privilegio de comandar la meta, que guía el movimiento del animal (yo).

Se pueden dar dos casos: que el jinete se deje conducir al lugar donde quiera ir es caballo, es decir, el yo gobernado por el ello. El otro caso es que el yo se divorcie del ello mediante resistencias de represión. El ello quiere satisfacer sus pulsiones principalmente las de Eros (amor) y la de Thánatos (muerte). Las dos producen efectos una contra la otra o se combinan entre si; en el segundo caso que en el acto sexual se presenta una agresión con el propósito de una unión intima, un claro ejemplo es el masoquismo. En esto se ve como la salud mental es difícil de sostener; la pulsión de muerte debe ser puesta en el exterior para la conservación del individuo, pero con la presencia del superyó la agresión se fija en el interior del yo y ejerce fines destructivos. Retener la agresión es en si insano, el individuo puede llegar a morir a raíz de sus conflictos internos. En el caso del superyó, que goza de cierta autonomía y persigue sus propios fines se muestra una patología en la cual se ve su severidad y crueldad. Es el estado de melancolía en donde el superyó le reprocha al yo por acciones de un lejano pasado y formula una condena, una vez pasado el ataque melancólico el superyó calla, el yo se rehabilita y vuelve a gozar de todos los derechos hasta un próximo ataque.

Es muy cuestionable la salud mental cuándo hay un principio de placer que busca su realización inmediata presionando al yo; pero a la vez se manifiesta el superyó el cual trata de modificar e inhibir acciones y pensamientos antisociales o inmorales. ¿Cómo puede hablarse de salud cuándo el yo es presionado por un mundo exterior un superyó y un ello? El yo sirve a estos tres amos que se empeñan en exigir y hacer reclamos, en donde difieren unos con otros, y a menudo son incomprensibles; pero donde si es fácil comprender la frase tan pronunciada “la vida no es fácil”. Cabria el preguntarse sobre ¿ qué propone el psicoanálisis como una posible solución a estos conflictos internos? Queda esta pregunta abierta para su solución, podría ser en otro ensayo, para tener solo una pauta al fin de uno de los textos de Freud,  propone que “el papel del psicoanálisis es hacerse el propósito de fortalecer al yo, hacerlo más independiente del superyó, ampliar su campo de percepción y ampliar su organización de manera que pueda apropiarse de nuevos fragmentos del ello. «Donde ello era, yo debo devenir».

 
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