| “Cultura” es una noción utilizada por diversas disciplinas. Designa el orden humano como un todo, en aquello que es específico y lo diferencia del orden animal. “Complejo cultural” es una noción antropológica que se usa para designar una organización cultural determinada; un conjunto humano específico, que es posible diferenciar de otros, aún dentro de un mismo país y en el cual hay elementos materiales y simbólicos particulares, que posibilitan realizar análisis comparativos con otros grupos humanos análogos. Subcultura es una noción que se usa desde hace un siglo en antropología y sociología, y que cada vez es más utilizada para el estudio de los modernos fenómenos urbanos. Se trata de una noción especialmente operativa para estudiar grupos particulares, al interior de un complejo cultural. Se utiliza para designar grupos que se oponen en uno o varios aspectos al resto del resto del complejo cultural al que pertenecen, al cual confrontan de diversas maneras: mediante producciones simbólicas, mediante la trasgresión de su ordenamiento y en algunos casos recurriendo a la misma violencia física. Con alguna frecuencia el concepto subcultura ha sido utilizado para el análisis de grupos delincuenciales, pero sus alcances no se agotan allí.
Algunos autores han advertido sobre el uso problemático que puede tener esta noción, allí donde se la utiliza como un determinismo pseudonatural para explicar ciertos fenómenos sociales, por fuera de su articulación con el contexto más amplio del complejo cultural en el que se inscriben. Ciertamente este uso constituiría una suerte de retorno de los prejuicios lombrosianos, revestidos con terminología de las ciencias sociales y serviría mejor a la estigmatización de ciertos grupos sociales, que a la explicación de las problemáticas que les dan un lugar y una función social a dichos grupos. Otro uso inapropiado de dicha noción, que no es totalmente independiente del ya mencionado y que es importante advertir, consiste en leer el prefijo “sub” asociándolo con la idea de degradación, de tal suerte que una subcultura sería una especie de complejo cultural de rango inferior, o un grupo degradado al interior de una determinado complejo cultural.
Un examen cuidadoso de la historia de este concepto y de las definiciones más rigurosas, permite mostrar que es posible utilizar este concepto sin incurrir en ninguno de los dos riesgos mencionados y que , por el contrario, se trata de una noción que ha mostrado alcances importantes para el análisis de los complejos culturales, no como realidades uniformes y acabadas sino como universos simbólicos que incluyen la dimensión del conflicto en su interior, en la medida que esta noción se funda precisamente en función del estudio de los grupos que surgen en el interior de un complejo cultural determinado y se oponen a él, constituyendo un factor que permite evidenciar sus contradicciones internas y empuja a la transformación del mismo.
Podría decirse que las subculturas ocupan al interior de un complejo cultural determinado, un lugar análogo al que ocupa el síntoma respecto de la organización subjetiva: el lugar de una anomalía, un elemento que es asumido como una especie de cuerpo extraño por el resto del conjunto, un elemento marginado y problemático, aparentemente ajeno al resto, pero que es precisamente por su misma condición, el lugar donde es expresa de manera cifrada una verdad fundamental del conjunto. Por ello, esta noción, aunque no haya nacido en el suelo del psicoanálisis, -como tampoco nació allí la noción de cultura-, puede resultar de interés para aquellos interesados en la pregunta por la aplicación del psicoanálisis a la reflexión de fenómenos sociales.
Freud y Lacan se atrevieron en su momento a proponer hipótesis explicativas para fenómenos sociales de gran magnitud, referidos a un complejo cultural determinado. Recordemos que Freud utiliza por primera vez la noción de “miseria psicológica de las masas” para explicar un fenómeno propio de la “cultura de Estados Unidos”; para no mencionar las múltiples referencias en las que hace agudos análisis sobre su propia cultura, como cualquier lector puede constar en textos como “El chiste y su relación con lo inconsciente” (1905) y el “Comentario sobre el antisemitismo"(1938). En las Obras completas de Freud hay más de cien pasajes en los cuales aplica el instrumental teórico del psicoanálisis a diversas producciones de su cultura y en algunas ocasiones a su cultura toda como conjunto, sin contar las obras que dedica de manera fundamental al análisis de un fenómeno del pueblo judío, como “Moisés y la Religión Monoteísta”.
Lacan, por su parte, también demuestra que el psicoanálisis puede incursionar en el análisis de complejos culturales específicos. En un congreso psiquiátrico realizado en el año 1950, el autor introduce una noción nueva en el vocabulario psicoanalítico: “El factor C”. Este concepto designa “la Característica constante de cualquier medio cultural dado” Según Dylan Evans, esta noción “intenta designar esa parte del orden simbólico que indica los rasgos particulares de una cultura en tanto opuesta a otra” Lacan hace una aplicación ambiciosa de esta noción, dice que el ahistoricismo es el Factor C de la cultura de Estados Unidos. “El modo de vida norteamericano gira en torno a significantes tales como felicidad, adaptación, relaciones humanas e ingeniería humana. Lacan entiende que el factor «c» de la cultura de Estados Unidos es particularmente antitético al psicoanálisis...”.
Las referencias anteriormente citadas permiten afirmar que una noción como “cultura de Antioquia” o “Complejo cultural antioqueño” no solamente es vigente en las ciencias sociales y plenamente pertinente para estudiar la cultura de Antioquia, de acuerdo con los expertos autorizados en el campo, sino que es compatible con la reflexión psicoanalítica como lo muestra el uso que hacen Freud y Lacan de una noción análoga. La noción de subcultura, tiene exactamente el mismo estatus epistemológico y la misma legitimidad teórica que el significante “complejo cultural” en la medida en que se define en función de las mismas articulaciones conceptuales y sirve precisamente para designar una formación cultural, que posee todos los elementos de un complejo cultural y se forma al interior del mismo, generando una forma de alteridad y revelando una fisura en su interior, es decir constituyéndose como un grupo que se diferencia del resto y, en algunos aspectos fundamentales, se opone al mismo mediante construcciones simbólicas y prácticas específicas.
En este punto es plenamente pertinente una pregunta: ¿por qué no existe hasta la fecha, en un complejo cultural tan sintomático como la cultura de Antioquia, una producción continua de investigaciones psicoanalíticas que intenten construir principios de respuesta a las formas particulares de su malestar?. Esta ausencia no dice mucho de los límites del psicoanálisis para el abordaje de fenómenos culturales y, por el contrario, sí desdice de la comunidad psicoanalítica antioqueña.
A continuación haremos una genealogía de las tres nociones que aparecen en el título, en su condición de conceptos que permiten circunscribir un universo simbólico específico, al interior del cual se puede determinar el lugar y el valor que tiene un significante particular en virtud de su relación con los demás significantes. La primera definición del término cultura considerada “clásica” en el campo de las ciencias sociales es la que propone Edward Tylor en 1871: “Cultura o Civilización, tomada en su amplio sentido etnográfico, es ese complejo de conocimientos, creencias, arte, moral, derecho, costumbres y cualesquiera otras aptitudes y hábitos que el hombre adquiere como miembro de la sociedad”
Ciertamente, Tylor no contaba en su momento con la noción saussuriana de significante, pero es notorio que los elementos en torno a los cuales construye su definición de cultura son construcciones significantes. Esta definición fundacional va a tener un destino particular: originalmente es aceptada por Boas, Malinowski y otros etnólogos, posteriormente será relativizada e incluso combatida por la concepción pluralista y relativista de la cultura, consecuencia de una revolución que introduce el mismo Boas y que caracterizó el pensamiento antropológico durante la primera mitad del siglo XX, hasta los primeros años del decenio de 1950, cuando se revivió el interés por las teorías universalistas que hoy tienen vigencia. “La nueva etnografía, la etnolingüística y la etnociencia, así como el estructuralismo de Lèvi-Strauss, comparten este interés por las culturas como estructuras abstractas. Sólo difieren en los procedimientos que proponen para descubrir las estructuras inconscientes –en la forma de códigos, modelos, reglas del juego- que determinan las estructuras cognitivas subyacentes”. Estas estructuras son de naturaleza significante, por supuesto.
En 1927, Freud propone una noción de cultura en la que podemos reconocer algunos aspectos comunes como la definición de Taylor. En El porvenir de una ilusión dice: La cultura humana –me refiero a todo aquello en lo que la vida humana se ha elevado por encima de las condiciones animales y se distingue de la vida animal (y omito diferenciar entre cultura y civilización)- muestra al observador, según es notorio, dos aspectos. Por un lado, abarca todo el saber y poder-hacer que los hombres han adquirido para gobernar las fuerzas de la naturaleza y arrancarle bienes que satisfagan sus necesidades; por el otro, comprende todas las normas necesarias para regular los vínculos recíprocos entre los hombres y, en particular, la distribución de los bienes asequibles.
Podemos decir que Freud adhiere a la noción tayloriana de cultura, de la cual hace una versión propia que está atravesada por su descubrimiento delo inconsciente. Levis-Strauss tendrá la ocasión de leer posteriormente a Tylor con Freud. Es importante mencionar también que Freud utiliza el término cultura en los dos sentidos que hemos señalado, de una manera universal para nombrar lo específico del orden humano y de una manera particular para designar un complejo cultural específico, verbigracia la cultura judía, la cultura estadounidense, la cultura griega, etc
En torno a la noción de complejo cultural en su condición de sintagma que designa una cultura en su particularidad, quizá sería importante agregar que si bien siempre remite a un grupo humano determinado y que con frecuencia es posible delimitar las coordenadas geográficas en las que se sitúa, no siempre éstas son claramente delimitables y, en algunos casos, como el del pueblo judío pueden estar ausentes, lo cual no le resta operatividad ni legitimidad epistemológica a dicho concepto. Algunos autores parten de esta definición y avanzan más allá, utilizando la noción de complejo cultural para nombrar también instituciones subisdiarias de la cultura:“Es un grupo de personas o institución subsidiaria que tiene uno o varios rasgos culturales iguales, como por ejemplo se habla del complejo negroide, español, etc”. El lector ya habrá podido observar que la noción de complejo cultural coincide con una de las acepciones del Otro con mayúscula: “El Otro como orden simbólico...debe en primer lugar ser considerado un lugar, el lugar en el cual está constituida la palabra”
Por ello no hay divergencia entre lo que Freud y Lacan dicen acerca de esas versiones particulares del Otro que son las culturas específicas y lo que dicen los antropólogos a propósito de los complejos culturales: “ninguna institución y, en realidad, ninguna conducta individual o característica personal puede ser comprendida sin referencia al complejo cultural en que se da”.
Tal como lo mencionamos en el capítulo II de la investigación, la noción de complejo cultural ha sido utilizada para el estudio de la cultura de Antioquia por la antropóloga Virginia Gutiérrez de Pineda. La autora define el concepto en los siguientes términos: una dimensión patria dotada básicamente de un hábitat particular, dentro del cual un conjunto demográfico con características étnicas dadas, crea mediante un proceso histórico vivido separadamente, la sociedad, representada en instituciones, dentro de las cuales operan valores, imágenes y pautas de comportamiento en complicada acción integrativa y bajo una marcada identidad”. Independientemente de las críticas que haya recibido la obra de la autora mencionada, la definición que ofrece del término complejo cultural es una de las más completas que existen.
En lo que se refiere a la noción de subcultura no existen discrepancias fundamentales entre las definiciones que ofrecen los distintos autores, allí donde hay diferencias generalmente están en función de explorar o explotar un costado particular de dicha noción, por ejemplo algunos antropólogos y sociólogos de corte marxista intentarán asociar la noción de subcultura a la noción de clase social, mientras que los criminólogos buscarán hacerla operativa para investigar los factores culturales vinculados a ciertos fenómenos delincuenciales, lo que no debe llevarnos a reducir esta noción a una sola de sus acepciones o a adscribirla apresuradamente a un campo particular.
Hemos seleccionado algunas definiciones que nos permiten constatar lo que hemos dicho hasta el momento. Si bien son muy similares entre si, cada una nos servirá para subrayar algún aspecto en particular. La primera que citaremos en su extensión advierte claramente sobre el carácter neutro de la noción que no autoriza las lecturas apresuradas que se hacen de la misma con connotaciones valorativas: “Es la cultura propia de unos grupos (pequeños) que viven dentro de una sociedad y de su cultura general, pero que no participan plenamente de esta cultura estándar. Debido, en parte, a su propia subcultura y, en parte, a unas características sociales específicas de grupo. El concepto de subcultura. debe ser empleado en un sentido valorativamente neutro. No se trata necesariamente de una cultura de grado inferior o de dudoso valor, sino de una cultura especial que vive bajo el manto de una cultura normal más amplia y que impone normas a las personas y grupos dirigidos por ella. Se habla de la subcultura de algunas minorías étnicas y religiosas. Pero, a veces, también los grupos criminales tienen una subcultura... las subculturas pueden estar condicionadas étnica, regional y (o) socialmente.
La subcultura es propensa a un sistema independiente de normas que recibe el nombre de contracultura y, en cuanto tal, intenta separarse de la cultura principal de una forma provocativa. Fue sobre todo la sociología americana la que fomentó la investigación de la subcultura y de su propio dinamismo, debido a que la sociedad americana (en nuestra conceptualización podríamos leer aquí complejo cultural) contiene numerosas subculturas. Por otra parte, la cultura estándar norteamericana ejerce una enorme presión con miras a una asimilación y aculturación. Los problemas psiquiátrico-sociales de la subcultura aparecen con una claridad especial en la realidad social de los Estados Unidos”. Se trata de una definición ciertamente clara y completa. Las definiciones de otros autores hacen más énfasis en la legitimidad epistemológica de la noción, es decir en la pertinencia de la misma, en la medida que llena una necesidad en teórica, en tanto permite circunscribir realidades que sin ella no serían susceptibles de conceptualización: “El término subcultura ha nacido en el desarrollo de las ciencias sociales por la necesidad de encontrar un constructo hermenéutico que posibilite un mejor análisis de ciertos grupos sociales, que presentan peculiares rasgos diferenciales en sus normas, valores, lealtades, estructura informal y comportamientos pautados, distintos en parte de la sociedad global, en la cual están inmersos y de cuya cultura también participan. Para explicar los comportamientos colectivos de estos grupos sociales, además de la perspectiva psicológica y sociológica, se vio conveniente la perspectiva antropológica con el concepto de subcultura, que apunta a cierta autonomía del sistema de pautas y valores dentro de la dinámica general de la sociedad. En este contexto se desarrolló la investigación sobre las bandas juveniles de delincuentes y de otras conductas desviadas; la explicación psicológica pone el énfasis en el actor social, como individuo y en sus micro inter-acciones, como causas de la conducta desviada; mientras que la explicación sociológica buscaba las causas de la delincuencia en los factores estructurales de la sociedad y en la situación de anomia, tal como era entendida por Émile Durkheim. Como complementaria a tales explicaciones, la antropología aporta una nueva perspectiva a partir del concepto de subcultura, cuyos elementos analíticos claves se refieren a ciertos sistemas específicos de valores, modos de vida, pautas y estructura informal de relaciones, que dan al grupo una dinámica con cierta autonomía, una identidad muy fuerte y una cohesión social interna muy firme. Estos estudios de bandas juveniles tomaron cuerpo en Chicago, y es clásico el estudio de A.K. Cohen, Delinquent Boys: The Culture of the Gang (1955) y las aportaciones posteriores de J. Kitssue, D. Dietrick, R. Cloward (1970)”
La definición que sigue aporta un nuevo elemento que si bien está ya, de alguna manera, en las dos anteriores, se desarrolla con una mayor claridad, a saber, la historia del concepto: “Nace la noción de subcultura enlazada al concepto de Durkheim de anomia, que a su vez está íntimamente relacionado con el de desviación social. El término anomia, utilizado por primera vez por Durkheim en 1873, cuando escribió la división social del trabajo, y basado en conceptos tales como la solidaridad orgánica (o auténtica solidaridad, sólo posible en una sociedad que no imponga a sus miembros una determinada división del trabajo), la solidaridad mecánica (o solidaridad actual, que se produce por la existencia de una división del trabajo impuesta), y la conciencia colectiva (fenómeno que se produce si existe un decaimiento del egoísmo individual, en favor del bien de la comunidad), implica un estado de desintegración social que se origina porque la creciente división del trabajo obstaculiza cada vez más un contacto eficaz entre los obreros, y por lo tanto una relación social satisfactoria. Este hecho provoca, lógicamente, el incremento de las personas que forman parte de las subculturas, puesto que es más probable que, de existir las condiciones que provocan la anomia, se desgajen de la “cultura en general” más personas, que formarán grupos de desviados, grupos que a la vez se explican por la falta de solidaridad orgánica que existe en la sociedad, dada la división del trabajo impuesta. Fue, más adelante, Merton, el que continuaría desarrollando el concepto de anomia, al referirse a los cinco tipos de adaptación, según la relación existente entre fines y medios culturales. Por otra parte, el concepto de subcultura ha estado entrelazado al de aprendizaje social, desde que en 1924, Sutherland y Cressey, investigadores pertenecientes a la Escuela de Chicago, elaboraran la denominada Teoría de la Asociación Diferencial de la conducta delictiva combinando el aspecto de frustración institucional (de Durkheim) con el de subcultura misma. Fue Cohen quien retomó las ideas de Sutherland y Cressey, creando específicamente la Teoría de la Subcultura, haciendo hincapié en el fenómeno de la subcultura como algo que se produce fundamentalmente entre los jóvenes... así, no es imprescindible situar el surgimiento de la subcultura dentro de los parámetros de tipo económico, sino que factores tales como la privación de estatus, la privación de prestigio, la falta de reconocimiento social, etc. también llevan a los sujetos integrar la misma. Existen, por otro lado, importantes relaciones entre subcultura y etiqueta social, o Teoría del Rotulado Social, que consiguen reforzar la imagen de los sujetos que ya pertenecen a una subcultura. De cualquier modo, es imposible separar la noción de subcultura de la de frustración institucional, de la de aprendizaje social, y de la etiqueta social.
Tal como lo habíamos mencionado, algunos autores marxistas articulan la noción de subcultura con la de clase social: “Para iniciar un acercamiento al concepto subcultura de clase, debe concebirse la realidad como una totalidad compleja integrada de conducta, costumbres, tradiciones, creencias y valores que pone en práctica constantemente el grupo social, que se generan y regeneran en el grupo mismo, totalidad que por su complejidad intrínseca y la naturaleza de su constitución, no puede escindirse en elementos aislados. Al respecto, Hercovitz cita un estudio de Sapir sobre la variación lingüística como forma de diferenciación grupal y dice: “toda persona manifiesta idiosincrasias en sus particulares hábitos de lenguaje. Y a pesar de esto, en una clase social, o en un área local, los que hablan un lenguaje común forman un grupo compacto, relativamente unificado”. Dos científicos sociales reconocidos del Departamento de Antioquia, que han realizado algunos los aportes más significativos a la investigación del fenómeno del narcotráfico, dan cuenta de la vigencia de esta noción, mostrando su pertinencia para la investigación de este fenómeno, en un texto que se titula justamente “ Las subculturas del narcotráfico”. Según los autores “el término se refiere, en un sentido a prácticas específicas gestadas dentro de una cultura, y en otro, a grupos sociales portadores de comportamientos y estilos relativamente diferenciados del conjunto social”.
Es notorio que esta definición que ofrecen los autores coincide de manera fundamental con las precedentes. Salazar y Jaramillo se apoyan en la definición de subcultura propuesta por Marwin–Wolfang y Franco Ferracuti, que presenta una particularidad que la hace particularmente operativa, a saber, que subraya la relación orgánica que existe entre la subcultura y el contexto más amplio del complejo cultural al que pertenece: “El aspecto subcultural surge en cuanto quienes comparten las normas son aquellos que al mismo tiempo se benefician de ellas de alguna manera. La subcultura puede entenderse como una subdivisión de la cultura nacional que resulta de la combinación de factores o situaciones sociales, tales como la clase social, la procedencia étnica, la residencia regional, rural o urbana de los miembros y todo aquello formando, gracias a su combinación, una unidad funcional que repercute integralmente en el individuo miembro”.
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