El universo es producto de un proceso evolutivo de muchos años. La psicología como producto de la misma evolución del hombre, también obedece a un proceso de cambios permanentes en favor de su continua construcción; la historia de la psicología está ligada a la evolución del conocimiento y al papel que asume el hombre en las diferentes estructuras de la sociedad.
Por esto, el concepto de psicología no puede abordarse sino a partir de su propia historia y de todas las huellas mnémicas que se encuentran de ésta. Partiendo de esta base, se puede plantear un concepto de psicología y darle forma a todas las ideas que se han lanzado. El presente texto hace una reconstrucción histórica de dicho concepto y cabe advertir que, como toda historia, ésta también está envuelta en fantasía. Cuando el pensamiento del hombre aún flotaba libre por el universo, cuando los dioses eran fuentes de saber, cuando la mitología se conjugaba con la cotidianeidad de los hombres y entraba a formar parte del mundo real, cuando el saber era de todos y para todos, y cuando intelectuales y pensadores de un pueblo en crecimiento se dedicaban a la observación de un mundo natural, se concibe al movimiento como la fuente de la vida, como el alma misma. Con el continuo crecimiento de este pueblo sabio, afloraron seres de mentes luminosas que, gracias a sus dudas e incertidumbres, rasgaron el velo que ocultaba el trasfondo de sus primeras concepciones de alma, permitiendo que se le otorgaran funciones. Esta nueva idea instaurada por Aristóteles desmitificó el alma para centrarla en el microcosmo del hombre y validar el comportamiento humano. Después del hallazgo de estas nuevas ideas, el conocimiento no tuvo límites y la fantasía y la magia de la mitología se dejaron conquistar por el embrujo del poder; el conocimiento no podía crecer más desbocadamente, tenía que ser propiedad e instrumento del poder, desencadenándose así la caída del imperio intelectual, desechando las nociones del hombre como microcosmos y poseedor de un alma intelectiva. Es aquí donde una bruma de avaricia y egoísmo separa a la humanidad, diferenciando a los poseedores del poder, de aquellos que eran poseídos por él. Transcurrieron muchos años en los que el poder manipuló a los hombres y por consiguiente al conocimiento; como el conocimiento era producción de la mente, ésta estaba vigilada, controlada, supervisada por el clero y los señores feudales, dueños del poder. El conocimiento era propiedad de unos pocos, quienes no tenía acceso al saber eran tratados como animales que sólo obedecían al mandato de sus amos; no podían ni debían desarrollar su mente, lo que para los griegos era como no poder desarrollar el alma. No existían nociones latentes de Psique, sin embargo, hombres con alma intelectiva y homóloga a la de los griegos, se interesaron por cuestionar, aunque no fuera públicamente, la posición del poder frente al conocimiento humano. El alma no se libró de ser poseída, pues era considerada como propiedad de Dios y esto le daba carácter eterno; y es sólo a partir de los cuestionamientos de grandes pensadores de aquella época que se le agrega al alma la intencionalidad; con esta intencionalidad propia del sujeto se reviven las nociones de Psique guardadas por la bruma que dividió la humanidad y surge el hombre como ser racional y poseedor de una conciencia propia, instaurándose la base para el desarrollo del campo de estudio de la psicología. El desarrollo de la psicología comienza entonces con el estudio separado del cuerpo y la mente humana. Es aquí donde se concibe que somos una cosa que piensa, que duda, que entiende, que niega, que imagina y que siente; se demuestra que desde el punto de vista corporal somos semejantes a las bestias, mientras que desde lo espiritual no. Se reviven las concepciones griegas y el hombre se ubicó en el “Yo”; el cuerpo pasa a ser una extensión del pensamiento por que si “Yo” pienso, “Yo” puedo existir, el individuo recupera su espacio, con el afloramiento de su producción mental y el alma se concibe públicamente como la mente, recuperando valor y estatus frente al desarrollo individual y por consiguiente, de la sociedad. Se separa al cuerpo del espíritu abriendo la posibilidad de investigar sobre el cuerpo, sin necesidad del tutorazgo religioso; esta separación da un justo nacimiento a la medicina, la psicología y la moderna ciencia occidental. A comienzos del siglo XVIII, el estudio del alma y sus atributos en unión con el cuerpo, fueron parte de la filosofía, pero en esta misma época pasó a ser parte de una nueva disciplina que más adelante comienza a luchar por su carácter de ciencia. Como producto de la ruptura parcial del lazo entre el dogmatismo religioso y el individuo, se constituye el impulso para que se asuman los conocimientos humanos como derivados de las sensaciones y experiencias sensibles. Esta nueva ciencia tomará una parte de la filosofía para darle un carácter empírico y la conjugará con el estudio del hombre como mecanismo funcional. Todos los conocimientos obtenidos a partir de la evolución del hombre eran llevados al laboratorio para ser estudiados y comprobados, y adquirir así un reconocimiento en el ámbito científico que les permitiera tener un carácter universal. El estudio del comportamiento del hombre no podía escapar de este proceso y es aquí donde se comienza a estudiar al hombre como organismo psico-fisiológico; entonces, el estudio de la mente deja de ser exclusivo de la filosofía y pasa a ser estudiada también por la medicina; con esta conjugación el comportamiento del hombre se estudiará a partir de los estímulos y las respuestas medibles. Con estos estudios se da origen a una psicología que estudia los procesos de la sensación, la volición, el sentimiento, y a la unidad de todos estos procesos es lo que se denomina conciencia. Es preciso aclarar que el concepto de psicología obtuvo realmente su aceptación y difusión definitiva por Kant, a finales del siglo XVIII y principios del XIX. No es posible encajar un concepto de psicología generalizado y único, para todas las escuelas o corrientes que surgieron, existe un concepto propio para cada una de ellas, aunque todas tienen en común un mismo centro de estudio: “El comportamiento humano”. Además del estudio de los estímulos medibles, la conjugación de la filosofía y la medicina, produjo como campo de estudio las anomalías del comportamiento humano que eran consideradas enfermedades. Es a partir de la psicología experimental que se desprenden diferentes corrientes, estas corrientes no se estancan, evolucionan para transformarse o para generar otras; cada una de ellas se fundamenta en un principio diferente y propio, que defiende como elemento primordial de su estudio. Georges Canguilhem dice que: “La unidad de la psicología fue buscada en su definición posible como teoría general de la conducta, síntesis de la psicología experimental, de la psicología clínica, del psicoanálisis, de la psicología social y de la etnología” Unas corrientes se contradicen entre sí, mientras que otras se apoyan mutuamente; y bajo este contexto dilemático resurge el concepto de introspección para ser reinterpretado, surge la idea del inconsciente y se trabaja ya no con un hombre condicionado por el ambiente, sino sobre el hombre y su interacción social. Queda latente la necesidad de una disciplina eficaz para el estudio de esta nueva concepción del hombre.
En el estudio de la psicología social existe una premisa constante, que es la dificultad o temor por definirla; argumentada en razones de peso como la imposibilidad de establecer una línea de su desarrollo, la crisis permanente por la que atraviesa, su carácter intersticial, su dificultad para adquirir un status científico, su indudable ubicación dentro del principio de indeterminación y en el aflorante tercer paradigma o paradigma de la complejidad y sus problemas metodológicos se suman a esta preocupación por su definición.
La psicología social no tiene un punto claro de partida, más o menos a mediados del siglo XX diferentes psicólogos y sociólogos, hacen pública su necesidad de no separar ambas ramas del saber para abordar el estudio del comportamiento del hombre; por esto que aún no existe una definición concreta que permita darle un estatus científico como el que tienen otras corrientes psicológicas. José Torresgrosa, es quizás el primer estudioso que ubica a la psicología social como una disciplina intersticial, que comparte los mismos problemas a los que se enfrentan las dos disciplinas sobre las que fundamentalmente se va configurando, la psicología y la sociología. En la trayectoria de estas últimas se encuentra una perspectiva psicosociológica sobre la que ha avanzado la psicología social. Las distintas ciencias sociales surgen debido a la situación externa en que una determinada disciplina se encuentra, pero la psicología social surgió de propiedades internas de las dos disciplinas en las que se fundamenta. Por tal motivo tiene un carácter residual, periférico y dependiente, especialmente con respecto a su institucionalización académica. Estas características han generado una relación de interdependencia entre ambas disciplinas y un enfrentamiento por determinar de cual de las dos es subcampo. Dicho enfrentamiento no debería existir, dado que la psicología social debe estar enmarcada dentro del paradigma de la complejidad, donde las diferentes áreas del conocimiento son complementarias, mas no reduccionistas. El enfrentamiento no sólo ha sido por determinar a cual de las dos disciplinas pertenece, sino también por imponer sus métodos en el estudio de su objeto, lo cual es también tema de discusión permanente. El objeto de estudio de la psicología social lo definió Torresgrosa diciendo que “…si bien el individuo es el objeto de estudio de la psicología social, no lo es focalmente, sino subsidiariamente, es decir, no se interesa por el individuo en cuanto tal, en su individualidad específica, sino del individuo en tanto que miembro de, relacionado con, dependiente de, orientado hacia, en conflicto con, explotado por, etc., los demás miembros del contexto social en que interactúa, considerados del mismo modo, y de los componentes de este contexto que estructuran esos procesos de relación”. Esta definición de la psicología social en términos de interacción social, se manejaba hacia los años setenta, y era respaldada por autores de corrientes psicológicas, debido a que dichas corrientes habían acaparado el campo de estudio de la nueva disciplina. Unos años más tarde, Tomás Ibáñez, cuestiona la formulación de la conducta social y de la interacción social como objeto de estudio de la psicología social, señalando que el progreso de estas concepciones, implica acrecentar su carácter interdisciplinar, especialmente en el ámbito epistemológico, y romper el aislamiento entre ciencias sociales y ciencias naturales, creando vías de interpretación y comunicación entre ambas. En conclusión, Ibáñez conceptúa la psicología social como “ciencia de la acción y como ciencia de los procesos tipo auto” Todos estos problemas que se presentan en la conceptualización de la psicología social son para Ibáñez, un signo de vitalidad más que de degeneración; este mismo autor señala los temas que deberá abordar la nueva disciplina y los cuales seguramente serán el punto de apoyo para su avance. El objeto de estudio que Ibáñez propone para la psicología social es el análisis de la acción y el tratamiento de los sistemas complejos auto-organizados, enmarcados en el paradigma de la complejidad. Es importante retomarlo para señalar que él ha cambiado el concepto de conducta social por el concepto de acción, este cambio ha exigido revitalizar el interaccionismo simbólico y ha puesto en auge la fenomenología. Según él, la acción implica movimientos por parte del actor, criterios de éxito o fracaso e intencionalidad. Todavía nos encontramos bajo el paradigma dominante de las ciencias exactas, por ello surge la incapacidad para explicar satisfactoriamente ciertos fenómenos, ya sea porque los modelos teóricos se queden cortos o porque los modelos metodológicos no permiten abordar el fenómeno a investigar, o ambos son insuficientes. Lewin aporta el método de Investigación - Acción Participativa (IAP), como respuesta a la insuficiencia de los métodos planteados por el paradigma dominante; la Investigación – Acción Participativa han sido contenido central y tradicional de la psicología social. Debido a los aspectos que hemos enumerado se puede dudar de la posibilidad de definir totalmente la psicología social por sus antecedentes históricos, por ser una ciencia que aborda parte del estudio del hombre y él es impredecible, por el marco teórico donde recientemente se está clarificando su ubicación, pero hay que reconocer que se han logrado grandes avances para superar la crisis en la que ha estado sumida desde su nacimiento y que posiblemente representa también una solución para la propia crisis de las disciplinas en las que se fundamenta.
Siempre que se emprende un viaje esta latente la expectativa por conectarnos con aquello que hemos imaginado y que sin palpar ya concebimos como una realidad. Esta expedición de reconstrucción histórica que emprendimos para obtener las piezas que permitieran dar un concepto de Psicología, nos lleva a deducir que no existe una unicidad en el concepto, que permita encajonarlo y esquematizarlo, pues este se da de acuerdo con el campo de acción en que se maneje. En lo que se refiere a la Psicología Social, por ser tomada aun como uno de los posibles campos de acción de la Psicología en general, se considera todavía más difícil conceptualizarla, definir su objeto de estudio y adquirir su carácter de ciencia; pero para fortuna nuestra la Psicología Social está trabajando por superar su crisis independientemente de la psicología tradicional, permitiéndose ampliar las perspectivas de solución.
Si pudiéramos ubicar gráficamente las piezas recolectadas no serían colocadas de manera nuclear, sino lineal, porque obedecen a un proceso consecutivo. Más que la búsqueda para encontrar definiciones del concepto de Psicología, se puede creer que el hombre está en la necesidad de conocer la complejidad de sus pensamientos y de su esencia a través de una vivencia autónoma familiar, grupal, social, global e integral.