HISTORIA
La Corporación Con-Vivamos es una ONG de carácter comunitario, ubicada en el barrio Villa de Guadalupe, cuyo radio de acción es la Zona Nor–Oriental de Medellín.
Surgió en 1990 como respuesta de la comunidad frente a sus necesidades y conflictos, aprovechando espacios de “participación ciudadana”, creados hace algún tiempo por el Estado. La corporación se inicia con el esfuerzo de personas líderes de la comunidad, quienes desean propiciar espacios para promover la convivencia pacífica y el desarrollo de los habitantes del sector. Inicialmente se conformaron como grupos de trabajo en función del desarrollo de tareas comunes.
El objetivo fundamental de la corporación es contribuir al desarrollo integral de la comunidad, mediante el impulso y orientación de programas y servicios que puedan aportar a la construcción de la Democracia, la Paz y la Convivencia.
En la sede confluyen con diferentes opciones pero con objetivos comunes, diferentes miembros de la comunidad: niños, jóvenes, mujeres adultos y personas de la tercera edad.
Durante estos años, la Corporación Con-vivamos ha tenido una estructura organizativa con énfasis en áreas, programas y ejes de trabajo. Para el desarrollo de las apuestas corporativas, se han conformado dos equipos que trabajan conjuntamente para mayor efectividad. Son el administrativo, y el equipo operativo. Este último, está dedicado a impulsar los programas en la zona y enfoca el acompañamiento a los grupos desde tres bloques de trabajo acordados por la Corporación, ellos son:
Programa de Juventud.
Desde este programa se promueve la participación activa de los y las jóvenes en los espacios vitales donde se toman decisiones y se pretende que sean protagonistas en la transformación de su entorno familiar y social.
Programa de Familia-Mujer.
Se contribuye a la construcción de personas co–responsables, democráticas, solidarias, críticas y propositivas, a través de una formación sociocultural y política para que sean protagonistas en el reconocimiento de su realidad y en la superación de sus problemas individuales y colectivos.
Programa de Organización y Movimientos Sociales.
Se Promueven procesos de articulación de diferentes grupos o procesos que ya tienen una organización, tendientes a generar acciones colectivas que incidan en el desarrollo y la calidad de vida de los habitantes de la Zona Nor-Oriental.
Estos programas están a su vez transverzalizados por varios ejes temáticos como son: Educación, Salud, Derechos Humanos, Economía Solidaria, Cultura, Ecología, Recreación y Deportes.
Lugar de la psicología y articulación con los demás programas.
Desde la misión de la corporación, se ha hecho necesario contextualizar la psicología en la realidad de nuestro país; ya que la cotidianidad de la zona es fiel reflejo de lo que sucede en el territorio nacional. Nuestro país tiene un déficit en la atención social, donde la posibilidad de servicios se encuentra polarizada hacia quiénes pueden pagar por ellos.
Las organizaciones no gubernamentales han surgido como un intento de fomentar el desarrollo comunitario; la Corporación Con-Vivamos, como una de ellas, ha implementado una serie de estrategias y técnicas para acompañar a la comunidad en la búsqueda de alternativas.
Desde la Psicología el objetivo fundamental es acompañar a la comunidad, partiendo del reconocimiento de sus necesidades, utilizando sus propios recursos y aportando otros, con el apoyo de un equipo que respeta el proceso de la comunidad.
En la práctica psicológica desde la corporación se ha tenido en cuenta, el contexto socio-cultural en el que se encuentra la población, así como el modelo, ideologías y metodologías con las cuales la corporación interactúa con la comunidad.
La Psicología en los procesos comunitarios, desde nuestra mirada, propende por llevar a los grupos a un proceso, en el que la primera etapa es el análisis que pueda hacer la comunidad sobre sí misma, en su cotidianidad, y a partir de sus propios medios.
En un marco analítico, la psicología desde la Corporación se orienta al discurso grupal para generar en éste, a partir de una reflexión o apuesta, un avance en el discurso con respecto al deseo y necesidades que sustentan el funcionamiento del grupo. Su lectura debe atender al contenido que bajo el enunciado consciente de los objetivos del grupo está presente, y poder así hacer un trabajo clarificado, con el fin de lograr comportamientos y actitudes que favorezcan el proceso de convivencia y organización comunitaria.
Desde la psicología se trata de colaborar para que la comunidad pueda reconocer lo que sabe sobre un tema y esto como les afecta. En este línea la participación comunitaria es imprescindible para acceder a un saber propio, al saber sobre sí misma. La función desde la corporación es la de estimular el intercambio, permitir que la gente se cuente lo que sabe, lo que les sucede en temas comunes, buscar juntos la forma de abordarlos, encontrar soluciones conjuntas.
Como otras ciencias sociales, la Psicología está ligada a las problemáticas sociales con la tarea de indagar desde el análisis de las mismas, para aportar a la comprensión y transformación de los procesos comunitarios, para que los individuos se asuman como sujetos activos capaces de participar en su propia transformación y en la de su entorno.
La psicología aporta a los procesos comunitarios, cuando logra colocarse al servicio de una comunidad que desea responsabilizarse de sus conflictos personales y sociales y formarse para la convivencia. En la corporación se tienen en cuenta los deseos, los saberes y los conocimientos teóricos de quienes la realizan, ya que no se trata de que quienes lleguen a las comunidades se despojen de sus saberes y deseos, sino de que los coloquen en un diálogo constructivo.
Lo anterior es importante porque la corporación desde su modelo de interacción, tiene en cuenta que el saber popular produce ciencia para el desarrollo y la vida digna de las personas; reconoce que todo saber científico, está mediado por condiciones de la experiencia cotidiana, la historia y la práctica social. Permite que las personas aprendan a pensar desde el hacer. Brinda el modo a la comunidad de organizar sus saberes, para que los reapropien, los puedan analizar, interpretar, conceptuar, reconstruir y así transformar su realidad. Se pretende entonces, unir permanentemente saberes, conocimientos y acciones, en un proceso formador continuo, tanto para quienes lo realizan desde los conocimientos académicos, como para la comunidad, la corporación y la sociedad en general.
En este sentido se conoce y se tiene en cuenta la situación que afecta la vida de las personas de la comunidad, los problemas que son sentidos como desafíos, los conflictos que tocan sus vidas y las respuestas que ya están dando a sus problemas y compromisos. Fomenta la formación de una conciencia crítica en las personas, que les permita su construcción como sujetos, protagonistas en el mejoramiento de sus condiciones de vida.
Hay un acompañamiento grupal que se realiza tanto desde la psicología como desde las demás disciplinas que convergen en la corporación; desde donde se intenta generar condiciones adecuadas para el sostenimiento de dinámicas de trabajo, en relación con las necesidades y demandas de los grupos y la misión de la corporación. La tarea no es guiar o manipular a las comunidades en lo que consideramos su "bienestar", ya que este criterio lo que facilita es el adoctrinamiento y la dependencia. La visión es la del ser humano como un actor, como un constructor de su realidad.
ProblemÁticas abordadas desde la psicología.
Las problemáticas que se abordan desde la corporación tienen que ver con la convivencia intrafamiliar, las relaciones de grupo, los conflictos que surgen de las diferentes violencias que rondan la zona.
Entre los principales motivos de consulta y orientación psicológica están: Las malas relaciones familiares entre sus miembros. La angustia por la insatisfacción de las necesidades básicas, los conflictos de pareja. Los estados de depresión por separaciones y pérdidas, los estados de paranoia por la situación de violencia barrial y de la zona, preocupación por la crianza de los hijos, porque estos están cerca de las armas, de la drogadicción o de las bandas, son rebeldes, no se concentran en la escuela o desertan de ella.
Las mujeres presentan angustias por la definición sexual y la temprana maternidad y paternidad de sus hijas e hijos. También hay una queja generalizada de la ausencia del padre, muchas mujeres se encuentran solas al frente de la dinámica familiar, tanto en lo económico como en la crianza de los hijos e hijas.
En el análisis de los motivos de consulta de las mujeres subyace una demanda por su ser como mujeres, aparte de su papel de madres y esposas, nos muestra el lugar de las madres en la vida de sus hijos, donde ellas tratan de llenar carencias de afecto y en su ser mujer, colocando a sus hijas e hijos como objetos y relacionándose con ellos desde el temor a la pérdida. Esta relación no permite la entrada de estos en el orden de la ley y de la norma, pues son aplastados, con relativa frecuencia, por los cuidados asfixiantes de la madre, aniquilando toda posibilidad de que tengan un deseo y una responsabilidad frente a sus propias vidas.
Es frecuente como los hijos e hijas repiten las conductas conflictivas de agresión y de violencia de sus padres y madres y de figuras del contexto barrial y zonal. Es evidente como la cadena de la violencia en las familias y en los barrios se repite. Por esta razón vemos importante el acompañamiento psicológico a las mujeres, para que desde su ser de mujeres, se piensen ellas y piensen su proyección comunitaria, tengan claridad del tipo de relaciones que establecen con ellas mismas, con sus hijos e hijas, con los hombres y mujeres de su familia y comunidad.
Al analizar y tratar de visualizar la estructura social que subyace detrás de los motivos de consulta de la población en general, se encuentra un panorama que muestra como los habitantes de los sectores populares han sido víctimas, durante largo tiempo, de una guerra absurda que ha borrado las sonrisas de los rostros de los niños, que le ha robado la tranquilidad a los padres, que ha llevado a la angustia a las madres, que ha condenado a los jóvenes a cargar con símbolos de muerte.
Las expresiones violentas se han convertido en la forma cotidiana de resolver conflictos. Parece que la palabra se hubiera desgastado; y que por alguna razón perdió su mágico poder de representar lo diferente, lo distinto, lo particular, como alternativa de tramitar la violencia sin enfrentarnos en una guerra.
En la zona nororiental, los actos agresivos se han convertido en una forma de asumir la vida. La violencia ha pasado a ser parte de la cotidianidad, la cual acarrea una serie de situaciones temerarias que arrasa con seres queridos e involucra a gran cantidad de personas sin discriminación alguna de edad, sexo, credo, raza etc; y que inevitablemente va dejando huellas en parientes, amigos y personas cercanas.
La violencia se ha convertido en el eje rector de nuevas formas de relaciones sociales donde aparecen desdibujadas la ley y la paz. Hay un desconocimiento de la función de la ley como aquello que posibilita la libertad y la vida en común. Parece que en la actualidad, son insuficientes los parámetros que permiten interiorizar el sentido de la ley en lo subjetivo del ser humano, que en la cotidianidad se traduce en principios, valores y normas, las cuales facilitan la convivencia y la construcción de proyectos colectivos con la perspectiva de una vida digna para todos, en un país de composición tan diversa como el nuestro.
Para grandes sectores de la población la ley, no funciona como un tramitador de los conflictos sociales, como un tercero imparcial, al cual cada uno pueda referirse cuando tenga una dificultad o un conflicto con otros. La forma como son abordados los conflictos en la cotidianidad, habla de una ley que no dirime las diferencias surgidas en la convivencia diaria.
Es además particular la manera como en estas comunidades se viven los efectos de esta violencia que no termina ahí, sino que se convierte en una red, como una manera de responder desde si mismo; quien es agredido quiere hacer lo mismo sin esperar la intervención de ningún otro, y muchas veces inicia una cadena de venganzas.
En este sentido, la ley en lo cotidiano aparece como “punitiva”, pues se presenta en el orden de hacer parte de la pugna, de la retaliación, de la violencia del más fuerte, de la necesidad de mostrar el poderío, mediante el uso de la fuerza y las armas, pero en muy pocos casos de la razón.
Para construir posibilidades de paz en nuestras comunidades, es necesario aportar a la emergencia de una nueva versión de la ley y de construcciones sociales, que permitan el surgimiento de una cultura de vida, que de como fruto una civilización, donde el conflicto inherente al ser humano pueda ser resuelto mediante actos de vida que eviten los eventos violentos. De esta manera, la ley y la paz son ideales que deben permanecer en el horizonte de la sociedad como referencia para los gobiernos, para las instituciones, para las comunidades, para las familias, para las personas.
Esta cultura de la violencia que socialmente padecemos de igual forma se vive a escala familiar, pues tanto en la asistencia individual como grupal que se hace desde la corporación, se evidencia una manera de convivencia familiar basada en la violencia, en el exceso de autoridad o por el contrario en el rechazo a los hijos, la ausencia de normatividad y el abandono. La crianza de los hijos es ambivalente e inconsistente, lo que va estructurando al sujeto en el caos, pues crecen con una referencia de la ley y la autoridad indeterminable para ellos, ya que a la vez que hay carencia de diálogo, y de acompañamiento, repentinamente el padre o la madre quieren ejercer su función de manera despótica e implacable, pero el resto del tiempo los hijos siguen creciendo en medio del abandono.
En esta lógica, niños y preadolescentes comienzan a colaborar con las agrupaciones armadas, para luego hacer parte de ellas y comenzar a ejercer la violencia de una manera incomprensible para ellos, ya que en sus ideales aparecen los deseos de tener un arma en la mano para sentirse poderosos y defenderse de las situaciones que la violencia les plantea.
Familias en la zona, abandonan la responsabilidad que como padres tienen para agenciar y transmitir la ley, de ahí que se vean por un lado los padres que no les interesa el devenir del hijo y de otro los que se colocan en posición de autoridad.
En un orden de crianza como éste, la desorientación de los hijos comienza a evidenciarse en otros ámbitos de socialización más amplios como son: La escuela, donde se suman las dificultades escolares. La sexualidad precoz con todas sus consecuencia, lo que muestra nuevamente la ausencia del paso por la ley y por tanto ninguna responsabilidad frente a la sexualidad, y la manera insensata como los y las adolescentes se hacen padres y madres.
POBLACIONES ATENDIDAS
Con el fin de intentar dar por lo menos contingencia y acompañamiento terapéutico a algunas de las problemáticas que se presentan en la zona se han formado grupos con las siguientes poblaciones:
* Mujeres en el proceso de elaboración de duelos y pérdidas.
* Grupo de niñas(os) en el proceso de socialización y sensibilización.
* Grupos con jóvenes en el proceso de formación hacia la sexualidad responsable.
* Grupos de madres y padres en la formación para la convivencia familiar.
Estos grupos son acompañados específicamente desde el campo de la psicología, sin embargo, en la corporación el acompañamiento que se hace con la mayoría de los grupos, se encuentra dirigido hacia la construcción de procesos comunitarios.
Instrumentos
En la corporación se interviene desde la psicología, acompañando desde lo individual cuando así es requerido y en forma grupal, para mayor cobertura de personas con la misma problemática.
Consulta Individual
En la continua interacción entre sujeto y entorno que se manifiesta en el acto cotidiano, surgen todo tipo de dificultades de carácter emocional, e incluso físico, que dan cuenta de un modo dialéctico de las perturbaciones que experimentan las personas. Por esta razón, la intervención desde la clínica, en la asesoría y acompañamiento individual se enfoca como la posibilidad de promover en la persona que consulta una actitud de análisis permanente que le permita no solamente superar la dificultad que le aqueja, sino también desarrollar una actitud, una manera reflexiva de relacionarse con los conflictos, constitutivos de los problemas cotidianos que están por resolverse permanentemente en el contexto, y en estos términos, más que aportar respuestas, la labor clínica es promover en quien demanda el surgimiento de una posición ética que se encuentre acorde con sus propios rasgos subjetivos y enmarcados en un contexto socio.-cultural específico.
Intervención Grupal
La intervención de la psicología en la corporación, en los procesos grupales, es abordada desde una perspectiva psicosocial. En este sentido su función consiste en facilitar la emergencia del saber que cada uno de los miembros de los grupos, tiene acerca de sus problemáticas comunes. Esto se construye a través de la generación de unas condiciones adecuadas para el establecimiento de una comunicación efectiva, lo que implica una actitud permanente de democratización del saber. Esto se hace posible a partir de la promoción de la participación colectiva por medio de la utilización de la palabra y otros elementos expresivos como el dibujo, la escritura, el lenguaje gestual, etc. En los procesos grupales se interviene desde la psicología mediante el análisis discursivo como facilitador de procesos que amplia sus posibilidades y sus recursos. A su vez, el análisis posibilita que se reconozcan las limitaciones y las condiciones reales para alcanzar los objetivos propuestos.
En este proceso de construcción colectiva, la práctica psicológica entra a interactuar con la cotidianidad de los grupos con los cuales trabaja. Es justamente allí, donde es posible visualizar y comprender la dinámica de los procesos psicosociales, privilegiando el saber que tiene la comunidad acerca de sus dificultades. Así es posible que puedan desarrollar, fomentar y responsabilizarse de su situación como colectividad, para lograr transformaciones no sólo en su ambiente, sino en su estructura social.
Experiencia de Grupo Operativo
Como resultado del fenómeno social de violencia al que se ve abocada la comunidad, queda la desolación, y la parálisis a la que enfrenta la muerte. Cuando la causa de la pérdida es natural el proceso tiene unas formas de ser tramitado hasta un punto de aceptación personal y social, pero cuando su causa es un acto de violencia surgen dificultades adicionales para llegar a ese estado de pacificación interior. En algunos casos esa tranquilidad nunca se logra y sigue produciendo efectos nefastos para el conjunto de la sociedad.
Los medios de comunicación y el trabajo directo con personas que han sufrido los actos de violencia han permitido conocer como, muchos actores del conflicto armado y de la violencia cotidiana que vive Colombia, dicen haberse vinculado a las actividades de la destrucción y la guerra, porque en el transcurso de sus vidas fueron víctimas de actos violentos, contra ellos mismos o contra su familia sin que hubiera mediado la ley como organizadora del entorno social, quedando impunes esos hechos. La forma como dan respuesta a esa agresión recibida es mediante la venganza, realizando nuevos actos violentos.
En la zona Nor-Oriental de la ciudad de Medellín, por lo general son los hombres las víctimas de la violencia, pero las mujeres y los niños y las niñas son quienes sufren sus efectos, tanto en el momento en el que ocurre el acto violento, como por las secuelas que dejan a todo nivel. Cuando una persona o una comunidad pierden un ser querido, un ideal, un territorio, etc., entra en un conflicto interior que requiere de un proceso de elaboración de esa pérdida, proceso que no promete la felicidad, pero que permite llegar a un estado de pacificación que posibilita responderse ante esa falta y continuar la vida produciendo actos de vida. Este proceso es denominado elaboración del duelo. Un duelo sin elaborar produce rabias, rencores, dolores, enfermedades, fenómeno psicosomático, deseos de venganza entre otros.
Para atender este problema que es uno de los más relevantes de la zona se implementó la metodología del grupo operativo. Esta modalidad permite contener y desarrollar esta problemática, la cual surgió como demanda de tipo social, tanto por el fenómeno expuesto, como por el número de personas que requerían de acompañamiento psicológico.
Esta experiencia se ha llevado a cabo con dos grupos de mujeres. Algunos casos son de mujeres que venían con pérdidas recientes de un ser querido, otras llegaron con pérdidas ocurridas varios años atrás, pero en un estado de paralización cuyos efectos psicosociales se evidenciaban en su ser personal, en las relaciones familiares, grupales, y sociales.
Muchas de estas personas llegaron impregnadas de rabias, rencores, deseos de venganza, en estados paranoicos, estableciendo barreras imaginarias en su propia comunidad, que las llevaba a desconfiar de quienes las rodeaban, aún de sus propias familias.
La metodología del grupo operativo, les ha permitido interrogar sobre su ser, la falta, la transferencia, la identificación. Aunque no esté determinada de la misma manera que en la situación del análisis individual, porque el discurso es grupal; la circulación de la palabra a través de los diferentes miembros del grupo, les ha permitido entretejer para construir una respuesta individual a eso que les hace padecer. En el grupo, cada mujer habla de su propia historia trabaja desde lo imaginario, para que aquello que no ha sido simbolizado sea devuelto y traducido a su dimensión simbólica.
La intervención de los miembros del grupo, es espontánea y permite que ese saber del sujeto cuestionado por lo que le pasa, aparezca como un saber compartido, es decir, alguien más sabe, pero no desde el sujeto supuesto saber, sino desde la identificación que juega un papel de auxiliar, ya que muestra un camino para reconocerse. Así estas asociaciones, si bien pueden o no acercarse a las de las otras integrantes del grupo, de todos modos constituyen una apertura, una vía para poder desarrollar nuevas cadenas asociativas.
Estos grupos se vienen trabajando desde hace dos años y medio. Existe un material escrito, producto de la sistematización de los encuentros y de los controles que el equipo conductor, realiza con un psicoanalista, con experiencia en grupos operativos. Así mismo se ha hecho un abordaje teórico desde los conceptos del psicoanálisis, que enriquecen el trabajo realizado hasta el momento.
El trabajo recoge las experiencias con grupos de mujeres que han sufrido algún tipo de pérdida a causa de la violencia. El testimonio de ellas da cuenta de los efectos producidos en su vida diaria. Como fruto de este trabajo, ellas dicen haber logrado cambios en el ámbito personal y en el entorno familiar y social. El proceso ha permitido que estas mujeres, tramiten por medios diferentes a la venganza o al padecimiento, el dolor producido por pérdidas violentas de seres queridos o del territorio. Han llegado a superar la rabia o el deseo de venganza, han podido colocar en palabras lo que colocaban en su cuerpo o en su entorno familiar, superando enfermedades y somatizaciones. Poder hablar y decir sobre el hecho traumático les ha permitido manejar distinto las relaciones al interior de la familia y con la comunidad.
En síntesis el trabajo ha permitido pasar de una situación vivida como traumática a tomar distancia del hecho en sí y esclarecer la valoración que tiene el ser querido muerto violentamente. Es decir, se logra la tramitación de los duelos y las deudas con los difuntos, por vía de la palabra, del diálogo, de la conciliación y la reconciliación desde lo humano de cada cual.
RECOMENDACIONES
En las comunidades hay necesidades y demandas que atender desde el campo de las diferentes disciplinas, para esto se requieren personas con compromiso, habilidades y conocimientos que les ayuden a enfrentarlas.
El aporte desde la psicología, implica no sólo una concepción teórica, sino también una actitud y una ética, por esto la posición frente a los grupos y procesos comunitarios no ha de ser de confrontación, sino de apoyo y complementariedad a partir de la reflexión y verbalización de los aspectos que la comunidad considere pertinentes, y del saber que ella tiene.
El hacer desde la psicología tiene como base fundamental, el proceder de modo no directivo, en el sentido de no operar desde el lugar del Amo, pues más bien de lo que se trata, es de situarse a partir de una ética, en una actitud discursiva y comportamental, que permita que los otros se apropien y se hagan conscientes de sus problemas y de las posibles soluciones y alternativas, para transformar la existencia en una vida más digna.
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