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Publicado por Webmaster el 16/5/2016 (2674 lecturas)

Gracias Madrid por una historia

Julián Bustamante
 Universidad Rey Juan Carlos - España

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La adrenalina de llegar solo a otro continente, e incluso a una ciudad tan grande como Madrid, ha sido la mejor experiencia; a partir de ese momento sentí que la mente se me expandía, dejando a un lado lo que sabía, para absorber lo que en el contexto me rodeaba. Confieso que me sentía asustado y solo, pero eso me ayudaba a permanecer alerta como si fuese un Suricato en la sabana.

Aunque tenía el apoyo de mis padres y de ambas universidades, al arribar a la ciudad me sentí como el último hombre en la tierra, no tenía a nadie a quien llamar para preguntar una dirección, cómo tomar el metro... Solo éramos mi equipaje y GoogleMaps caminando por Madrid. Me sentía tan alerta de lo que sucedía alrededor, que el primer día no sentí el crudo invierno, y ni tiempo tuve de llorar por tantas emociones que sentía. Lo que más he valorado de esta experiencia, es que al estar tan afuera de mi zona de confort, comencé a conocerme a mí mismo, estuve en situaciones que nunca imaginé y no sabía que era capaz de solucionarlas. Conocer personas era tan fácil como encontrar “un chino” en Madrid, o por lo menos a mí se me daba bien; entre los compañeros nuevos, españoles y demás chicos que han venido de otros países como Chile, México, Argentina, Francia, Bélgica e Italia. Una multiculturalidad enriquecedora en las aulas de clase; la emoción de conocernos, de compartir contactos, la intriga de saber de dónde provenía cada uno, y lo gracioso que se escuchaban los acentos; y eso que a duras penas nos entendíamos.

Si o si todos debemos tomar una experiencia de “Erasmus/Munde” (así lo llaman en Europa a los estudiantes de intercambio), se aprende más de la vida que de lo académicamente hablando; y eso es lo que más importa porque esa experiencia se queda en el corazón, y eso no se olvida. He sentido que la vida me ha cambiado, en la forma de pensar, de ver y de interpretar; enseñándome lo importante que son las experiencias y las personas; que las cosas tan inútiles a las que nos aferramos nos hacen quedarnos en casa y no enterarnos de lo que hay afuera. Algo que siempre digo, en ocasiones es bueno pensar con las emociones y dejar de ser tan realistas, si se es realista todo el tiempo, nunca llegaremos a ningún sitio. Europa es un lugar de ensueño, pero también bastaba con alejarme de mi hogar para darme cuenta lo hermosa que es Colombia.

Luego de instalarme y ponerme al tanto con la Universidad Rey Juan Carlos y el contexto cultural (hablo del contexto cultural porque pasó un mes y aún no creía que estaba en Europa), ya nadie me detenía para conocer la ciudad (literalmente nadie), parecía un ratón de campo en una mega ciudad; alucinado por la arquitectura, la comida, las calles, las fiestas, las tiendas de ropa en plan low cost por plena Gran Vía; y el arte que hasta cualquier ventana o farola, que podría pasar desapercibida, tenía arte. No me importaba el invierno y sentir las mejillas resecas o las manos entumecidas, mi afán por conocer cada rincón de la ciudad era más importante (gracias a mi defecto de que todo lo quiero ya).

La experiencia académica podría decir que fue lo más complicado para adaptarme, porque el sistema es absolutamente diferente, todas las teorías, trabajos en equipo, prácticas y exámenes lo comunican por la Intranet que se llama Campus Virtual, las calificaciones son de 1 a 10, la asistencia a clase no es obligatoria (algo de lo que más me gustaba) y el hecho de que compartía idioma con los españoles, las primeras semanas de clase no comprendía nada por lo rápido que hablan, pero luego el oído se acostumbra.